Una buena prueba de esos mundos a los que aludía Antonio Machado, describiéndolos tan sutiles como pompas de jabón, la podemos encontrar en algo tan simple, aparentemente, como es el agua de una fuente.
El agua, fuente de vida e indudablemente, maestra también de sensaciones, hace buena, además, la aseveración de ese misterioso personaje, Hermes Trismegisto o Hermes el Tres Veces Grande, cuando afirmaba que lo que está arriba es igual a lo que está abajo.
Dejar volar la imaginación y dejarse llevar por el antojo de recrearse con su maravilloso efecto espejo, es también un ejercicio saludable, que entre otras cosas, nos enseña que nada es lo que parece y que todo es relativo.
O parafraseando uno de los conceptos más importantes de la filosofía oriental: que vivimos en el Mundo de Maya.
Es decir, en el Mundo de la Ilusión.
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