Seguramente, Velázquez no fuera consciente, cuando las pintó, que algún día lejano se convertirían en heraldos de una gran ciudad, Madrid, cuya expansión lejos estaba también de llegar a imaginar.
En sus nuevos papeles de relaciones públicas, lejos de serios y aburridos pasteleos de la Corte, las Meninas invitan, con su elegante prestancia, a descubrir los encantos de la ciudad.
Una ciudad cosmopolita y acogedora, incluso en la adversidad, que tiene también una rica vida nocturna, que desde luego, merece la pena conocer.
Porque incluso de noche, y las Meninas son conscientes de ello, Madrid es sumamente atractiva, hechizadora a la luz de la luna y siempre dispuesta a acoger al visitante, con los brazos abiertos, invitándole a la aventura.
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