Supongo que como a todo el mundo, siempre me han impresionado las flores, sin importar especie, complejidad o perfume y quizás por eso, piense en ellas como en los seres más inteligentes, quienes, desde luego, terminarán heredando este planeta.
Dado que en su aparente fragilidad es donde reside, precisamente su fuerza, utilizan su efímera belleza para atraer irremisiblemente la atención de una humanidad más pendiente de buscar en otra parte aquello que deberían cultivar primero en su interior.
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