Puede resultar paradójico, pero si echamos un vistazo atrás y nos sumergimos en los picados mares de la Historia, siquiera para dar unas breves brazadas sin perder de vista la orilla, veremos que el talento y el virtuosismo siempre han sufrido ese mal endémico que es el maltrato y la indiferencia.
No deja de ser una gran verdad, que grandes compositores y literatos de todos los tiempos vieron frustrados sus sueños e ilusiones y despreciada su valía en vida, por una sociedad más apegada a su gris egocentrismo que a dejarse llevar por la tendencia de lo bello, de lo artístico, de lo diferente.
Supongo que es un mal endémico, que si importar épocas, afecta de similar manera a todas las culturas y sociedades, que vegetan obstinadamente en ese oscuro mar de lágrimas que es el Tedium Vitae, donde lo artificial e irrelevante nos convierte en rémoras de la banalidad.
Cuando veo tanto talento mendigando por las calles de mi ciudad, clamando por una propina miserable que les permita ir mal cubriendo sus necesidades básicas, me entristece pensar que algo no funciona en ésta sociedad.
Y si a escala popular mantenemos esa indiferente ceguera, miedo me da pensar en lo que verdaderamente alienta en las oscuras minorías que nos gobiernan y dirigen.
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