Las ecuaciones del azar suelen ser complejas e imprevisibles, hasta el punto, de que incluso en una aparente casualidad puede llegar a apreciarse el rastro irónico de eso que algunos autores del pasado –incluido Charles Fort- consideraron como ‘bromistas cósmicos’.
Estoy convencido, como Einstein, que Dios no juega a los dados con el Universo, pero cuando saqué en una calle de Segovia –de cuyo nombre no quiero acordarme- la fotografía que sirve como encabezamiento del presente post, pensé en aquél arcano refrán popular que afirma que cuando el Demonio no tiene nada que hacer –y además, el Ayuntamiento colabora- con el rabo mata moscas.
Quizás no fuera muy oportuno por parte del propietario, llamar a su local de copas con un nombre tan ceremoniosamente judiciario, como es el de Purgatorio, lugar donde los cristianos han supuesto siempre que debían esperar todas aquellas almas cuyos actos en vida les auguraban un juicio, cuya sentencia, Dante mediante, habría de determinar si subían al Cielo por la famosa Escala de Jacob o si, por el contrario, sus actos les hacían acreedores a descender los escalones que llevan a las calderas del Infierno.
Quizás tampoco fuera inoportuna la gestión municipal del Ayuntamiento, al no permitir, como dice la señal colocada a escasos metros de la puerta, de no permitir el estacionamiento de vehículos, teniendo en cuenta que es una zona caliente de carga y descarga, lo cual, por otra parte, no deja de ser comprensible en los tiempos que corren.
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