Pueblo de fantasmas

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Pancracia me advirtió que aquí por cada familia, existe un fantasma.

Los pobladores conocen a sus espíritus, les temen pero comparten con ellos la vida.

Un bulto camina por las calles de la aldea, nadie sabe que tiene adentro, dicen que lleva toda la maldad de la gente, pues en este lugar, los vicios y los malos actos son permanentes. Quien lo encuentra en la noche, debe ignorarlo.

Lipe, murió una navidad, mientras los cohetillos de las doce sonaban. En vida era común encontrarlo por las mañanas en el fondo de una tumba excavada en el cementerio. Cuando estaba borracho dormía en las fosas del cementerio y luego se levantaba a pedir limosna, cuentan que un día no se levantó de la tumba en donde dormía. Lipe lleva a los borrachos al cementerio, para hacerles compañía.

En el barrio central, todos se asustan en la noche cuando inexplicablemente escuchan a niños jugando en sus patios, escuchan risas y llantos, platican entre ellos, como advirtiendo que no están muertos. El barrio fue un cementerio de niños. Si quieres vivir en este lugar no debes tener hijos pequeños, porque puede que los encuentres jugando y conversando a media noche con el viento.

El ferrocarril cruza la aldea y en algunos trayectos oscuros, los pilotos del tren escuchan gritos en la orilla del camino, el tren atropella todas las noches a los espíritus que caminan cegados por la luz de la locomotora que pasa.

Abajo del puente principal habita la "Siguamontía", es el espíritu de una niña desobediente que fue condenada a vivir en la oscuridad, cuando pasas de noche se queja, para convertirse en animal. Un hombre loco que si en tu casa hay una persona que morirá a causa de su avanzada edad, debe tomar un "caldo de siguamontía", para poder perdurar unos años más.

Los pilotos de autos se quejan que en la esquina del rastro de ganado, se reúne un grupo de espíritus vestidos con batas blancas, se les puede ver de espaldas, pero solo uno de ellos voltea a mirar, como advirtiendo que no debes parar. Son "los doctores", y dicen que la sangre que sale por debajo de las puertas del rastro de ganado los mantiene aferrados a una vana existencia.

En este lugar, ni la Iglesia se salva de sus espíritus, un quejido estremecedor resuena en las noches y cuentan que es el espíritu del padre Danilo, que dejó la sotana por volver al mundo y casarse con la fulana, que cambió sus convicciones de la manera más humana y convirtió al padre Danilo en un alma descarriada.

Los espíritus gobiernan la noche, en un lugar en donde las lunas no pueden alumbrar la oscurana y así se van ganando poco a poco las almas de aquellos que no tienen la precaución de lidiar con los fantasmas.

En el ambiente, el olor a miedo es prominente, pero a pesar de eso, no me creas, puede que solo sean inventos de Pancracia.

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