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Comencé con una incisión en medio de la frente, un corte hacia abajo y de regreso.
Aplicando presión delineé el rostro por el borde del cuero cabelludo.
Al llegar a la mejilla hundí más el bisturí.
Sigo bajando, es necesaria una línea por la parte baja de la quijada, rozando el cuello.
En la garganta, saco el instrumento y hago un corte superficial, como dibujando.
Vuelvo arriba, repito del otro lado, guiándome por el espejo, aplicando igual fuerza.
Luego, sólo queda usar los dedos para despegar la piel desde la frente, con delicadeza.
Sabía que no iba a ser fácil, tengo que ayudarme con el bisturí, tratando de no dañar los músculos.
Inclino la cabeza en el lavamanos para dejar correr la sangre, que fluye a chorros.
Las manos me tiemblan, no me había dado cuenta, casi derramo el frasco con las píldoras de analgésicos que he ido tomando sistemáticamente con licor... creo que así se acelerará el efecto.
El reloj que puse sobre el tanque del retrete indica que han pasado más de dos horas desde que comencé... Al fin pude sacar la pieza completa, se ve perfecta.
Fue imposible evitar empapar el baño de sangre. Un rato más con la cabeza hacia el lavamanos...
El resto exige ser más cuidadoso, si llego a perforar una vena todo estará perdido. Un trago más de licor, otro par de pastillas.