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Rápido y silencioso el fugitivo huye, va tras él una partida de hombres armados acompañados por entrenados sabuesos, detiene un momento su carrera a la orilla de un río, del otro lado un oscuro bosque, tan oscuro que no se distingue forma alguna, un vacío que parece devorarlo todo, pocas son las opciones, no hay tiempo que perder, hay que cruzar el rió sin más dilación, la partida que salió en su busca está muy cerca y ansiosa y el cansancio ya hace mella en su maltrecho cuerpo.
Sin pensarlo se lanza y sumerge en el agitado y caudaloso río, el agua fría penetra su ropa llegando hasta su piel y perforando su cuerpo como púas afiladas, la corriente es fuerte pero su determinación lo es aún más. Tantos años de encierro contemplando la misma jaula, tanta disciplina, tantos golpes de carceleros, tanto tiempo añorando la libertad y esperando este momento. El dolor ha hecho de él un hombre resistente con un único propósito, escapar.
Luego de una lucha encarnizada y brazos agotados consigue su propósito, arrastrándose por el barro toma la orilla, exhausto el fugitivo trata de recuperar el aliento de la lucha en las bravas aguas.
Ve de reojo que del otro lado del cauce del río las antorchas van de un lado para otro y desaparecen mas allá donde alcanza la vista, se sonríe, es la primera vez desde hace mucho tiempo que esboza algo parecido, sabe que no lo encontrarán, solo un loco desesperado cruzaría el río de noche, un loco o alguien que no tiene nada más que perder y él ha perdido ya demasiado.
Se adentra en el bosque, se sorprende de ir encontrando sólo arboles petrificados, muertos, cubiertos de extrañas y rojas raíces que envuelven y estrangulan sus gruesos troncos, como si de higuerotes o matapalos se tratara.
Al llevar un buen rato caminando sin rumbo aparente se percata de algo que lo inquieta, no hay sonidos del bosque, no se escucha nada, es como si no existiese, el silencio es total, los árboles parecen fantasmas del pasado, no hay vida en ellos, no agitan sus ramas, no hay hojas, tampoco parece haber animal alguno que se haga notar, todo parece más oscuro que antes, más triste.
Transcurrido un buen rato de interminable caminar, el suelo se vuelve más fangoso y le cuesta respirar, el aire parece desvanecerse dando paso a un aroma putrefacto, algo lo jala hacia abajo, hacia la tierra fangosa, aunque bajo de moral, lucha un poco más para seguir pero no tarda en caer de rodillas, apenas puede respirar, una inesperada tristeza se aloja en sus pensamientos, siente que llega su final.
Aprovechando el momento algo emerge y se desliza por sus piernas desde el suelo fangoso, va rodeando su maltrecho cuerpo apretando sin piedad alguna su pecho y por ende vaciando sus pulmones de aire, raíces sucias y mal olientes lo van envolviendo rápidamente, quiere gritar y no puede, el miedo y el pánico más atroz se apodera de él, alza su vista al cielo nocturno en busca de consuelo, su sueño de libertad se desvanece por completo, promesas y nada más, tendido en el suelo envuelto en un letal capullo enmarañado de raíces rojas, se entrega a su inminente y absurda muerte.
El último aliento se perderá entre árboles fantasmales que contemplan con inerte tristeza la escena aquí narrada.
Del otro lado del río, hombres y sabuesos dan por terminada la búsqueda del fugitivo, decepcionados van alejando sus pasos de la orilla, nadie estaría tan loco como para cruzar aguas tan peligrosas en esta época del año y tan desesperado para internarse en ese horrible bosque, y menos en una noche oscura, ¿o sí?