El único lugar de venta de carne asada en el pueblo está a punto de cerrar por falta de la materia prima con la que trabaja, esto producto de una inundación que derribó el puente que lo comunica con el resto del mundo.
Las obras de reparación han tardado más de lo previsto y las reservas se han agotado, producto de la asistencia masiva de personas los fines de semana, únicos días que abre sus puertas, el lugar.
El año nuevo recibirá a los habitantes sin el acostumbrado sitio, que desde hace años ha sido una forma de salir de la rutina de sus pobladores.
Benito, un matarife profesional que llegó al pueblo huyendo de algunos acreedores, se ha ingeniado todas las posibles formas para mantener su restaurante a flote y experto en enmascarar sabores con la magia de las especias y condimentos lo ha logrado.
Todos alaban el toque mágico de su sazón y algunos hasta se han inventado que el hombre posee un ingrediente secreto para lograrlo, sin embargo este no existe y el hombre, todo un artista del engaño está quedando sin sus polvos mágicos.
Los animales que han sustituido a la res en sus asados han ido extinguiéndose o más bien él ha sido el causante de esto, los últimos dos gatos angoras de la viuda de su mejor amigo, sirvieron para una ración especial de strogonoff que engalanaron la despedida del año en la fiesta del pueblo. Mientras que el enorme perro guardián de la granja de Eloy engalanó el asado de navidad y fue devorado hasta por su dueño.
Desde hace meses hay un alerta de tigre en el poblado, ya que el fiero animal, de manera perversa y audaz se ha comido a los animales domésticos que con amor los han acompañado y todos temen que pronto lo haga con los humanos.
Quien dirige esta campaña es el propio Benito, una jugada experta para no ser sospechoso si a alguien lo invadieran las dudas.
Desde hace días está pensando seriamente en alimentar los temores de sus vecinos y así evitar el cierre de su negocio.
Solo algo le intriga. ¿Podrá enmascarar el sabor de la carne humana con sus condimentos?
Por los momentos tiene en mente comenzar con los culpables de todo, los trabajadores que parsimoniosamente y sin entender lo vital de lo que hacen, retardan el final de la reparación.