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-La mariposa / es un vuelo de pétalos / y calaveras- Cantó el periquillo a las cuatro de la mañana desde la esquina más alta de su jaula. Su madre, acurrucada en el rincón más oscuro de su celda giró su cabecita, miró hacia arriba y con rostro hastiado le reprochó al periquillo:
-Es muy temprano.
Dando tres brinquitos el hijo cantarín bajó cerquita de su madre y con una voz muy distinta a la que escoge para cantar:
-Las cucarachas hacen hayku a todas horas. ¿Por qué yo no?
-Las cucarachas embarran hayku en el piso y las paredes; no andan dejándolo en el aire como si cualquier cosa. Además hace frío; está cayendo nieve y ¿sabes lo que pasa si un hayku es atrapado por la nieve?
-Se congela y entonces su mamá no lo encuentra porque los hayku sólo andan en lo cálido.- Dijo el periquillo como diciendo una letanía; con la voz que suele usar para repetir las lecciones de mamá.
Con un vuelo semejante al vuelo del humo, regresó el incomprendido crío a su esquina alta desde donde veía cómo se formaba la nieve para luego caer en blancas percusiones. Preparó su voz de cantar y para darle redención al hayku lanzado tan inconscientemente, formuló el conjuro obligatorio:
-No soy hayku, no soy hayku, tengo muchas sílabas, no soy hayku.
Y se quedó viendo el periquillo cómo una ráfaga de aire cargaba sus palabras mientras las revolvía con las cáscaras de su alpiste.