La noche del asalto parecería que había olvidado todos mis estudios sobre la conducta humana.
Mi atacante era un tipo corriente, bajo, delgado; en sus ojos parecía haber susto e inseguridad. Tal vez era su primera vez como perpetrador, pensé.
Se me acercó sin decir palabra, con todo el alboroto del mundo, y me apuntó con un revolver plateado de esquinas oxidadas.
"Calma...", le susurré. Desde ese momento sentí que tenía la situación bajo mi control.
El tipo no habló; tenía cara de llanto, de desesperación.
"... no debes ponerte violento", seguí diciendo, mirándolo con fijeza.
"Estoy dispuesto a..." Me cortó la frase.
La estrategia de negociación no obtuvo los resultados esperados. Me golpeó con el arma y caí a la acera; volvió a golpearme.
Me revisó los bolsillos, me extrajo el dinero, tiró mis documentos al suelo y siguió golpeándome con furia hasta el agotamiento.
Nunca lo hallaron. Estuve en rehabilitación física por casi tres meses, pero la recuperación emocional duró mucho más: estrés postraumático, pánico, algo de fobia social...
Sólo 18 meses después me fue posible volver a ejercer la psicoterapia.
Una tarde lo recibí en mi consultorio. Se llamaba Eric López y sólo tenía 23 años.
Lo reconocí al instante pero él, como era de esperarse, no vio en mí más que a otro psicólogo.
Estaba en rehabilitación por adicción a varias sustancias. Fue referido a mi consulta desde la terapia grupal por problemas persistentes del estado de ánimo.
Así que ahora tenía frente a mí, llorando a gritos, ajeno a mi reconocimiento y poniendo su confianza absoluta en mis aptitudes, al agresor aquel que me había marcado estos últimos dos años.
¿Y qué crees que hice?
Desde luego que le brindé asistencia. Fui con él el mejor psicólogo que pude.
Se despidió de mí 45 minutos después con sonrisa de reconfortado e indiqué a la secretaria que le pusiera cita abierta y le cobrara sólo la mitad del precio de la consulta.
Volvimos a vernos la semana siguiente y dos veces más.
Fue cuestión de ética; pienso que así se debe pagar al agresor: ojo por ojo...
Casi un mes después de aquella primera sesión, Eric se suicidó.