Era una competencia de alpinismo con tres fases de recorrido, había competidores de varios
países. La última fase de la competencia consistía en una caminata de seis horas, subir una
montaña y descender a un costado por una inmensa roca.
Había un competidor que no respetó
la hora de salida y decidió salir sólo antes del grupo, siendo las diez de la noche, dijo entre sí:
“me les voy adelantar para ganar la competencia”.
Subió la montaña, luego comenzó a
descender, todo estaba oscuro y un clima frío, era aproximadamente la una de la madrugada,
y, a este competidor se le termino la cuerda.
En medio de la nada, comenzó a gritar: “¡auxilio!¡que alguien me ayude!” en repetidas veces. Cuando escucho la voz de Dios que le dijo: “corta
la cuerda”. Insistió y seguía gritando: ¡que alguien me ayude! Escucho la misma voz que le
decía: “corta la cuerda”, y no hizo caso.
Pasaron las horas, los demás competidores salieron a buscarlo, y encontraron su cuerpo
completamente congelado pendiendo de una cuerda a un metro del suelo.
Este hombre se
hubiera salvado si hubiera obedecido.
Cuántas veces hemos confiado en nuestros capacidades, experiencia, y nos hemos visto en
problemas. Creemos que estos no tienen solución, y es cuando pedimos auxilio y escuchamos la voz
de Dios que nos dice: “corta la cuerda”.
Recuerda: la Obediencia es alimentada por la humildad y la confianza.
Cuando escuches la voz de Dios que dice: “corta la cuerda”. Obedece y ¡CORTA LA CUERDA!