Cualquier acto en el que se utilice la fuerza bruta, ya sea para coaccionar o atacar es interpretado como violencia, pero también debemos catalogar en el mismo ámbito las posiciones en las que valiéndose de algún subterfugio o interpretación personal cualquier individuo a través de otros métodos no físicos agrede a otro.
En la sociedad moderna ya se diferencia entre violencia física y sicológica, y las leyes ya penan a ambas con igual intensidad.
Ya no solo existen autores materiales sino también intelectuales, ya no escapa a la justicia el soldado que dispara recibiendo una orden, ni quien la dió e incluso pueden involucrarse todos los escalones de donde vino ella.
Alguien una vez expresó que quien utiliza la fuerza bruta sobre al razón es un violento, pero quedó corto cuando lo definió, ya que las razones son circunstanciales y tienen visiones que van mas allá de las realidades que como humanos tenemos e incluso la justicia, ciega tal como se representa, no es una balanza fiable ya que posee el estigma de la conveniencia de quienes la aplican y crean.
La violencia en el hombre es celular y no se diferencia en nada a la de sus hermanos animales, ya que la misma no se aprende sino que nace con el individuo, el cual la desarrolla o pone en práctica diariamente sin darse cuenta.
Hablamos de paz, de religión, de pecados y libertades, de dioses y mártires, de héroes y malvados y a cada uno le conferimos propiedades extraordinarias, le asignamos acciones fantásticas y hasta ansiamos ser como ellos o poseer la virtud que alabamos, sin caer en cuenta que en todos, la violencia es parte insustituible de ellos.
Para conseguir la paz hace falta la guerra o alguna forma de coaccionar o reprender para que la balanza se equilibre, en la religión, el pecado y las acciones de los dioses siempre habla de castigo, los héroes y mártires no crean su imagen a base de dormir sino de luchar.
No solo vivimos la violencia cuando un noticiario muestra imágenes elocuentes de asesinatos o masacres ocurridas en determinado país, sino también puede catalogar como tal, el religioso casto, que observa actos de sexo explicito o subliminal en el mismo espacio, y también para el abstemio, se le violenta su condición cuando se incita al consumo de alcohol en los comerciales.
Vivimos en un mundo violento porque lo poblamos seres de tal condición, nunca podremos escapar a esa realidad, al menos que hagamos una reingeniería total de nuestros genes, eliminándole el dispositivo molecular que lo lleva y como esto parece imposible, entonces debemos estar consciente que solo podremos controlar el grado de intensidad de la misma en nuestras acciones diarias.
Toleramos los embates sistemáticos que nos llegan a diario por diversa vías y reaccionamos, en ocasiones instintivamente, dando poco tiempo al estado pre reflexivo que debemos experimentar antes de dar respuesta a lo que nos ataca.
En la medida que podamos controlar ese instinto podremos bajar nuestro nivel de violencia, pero nunca debemos creernos que ella desparece de nosotros, ya que hasta el asceta más alejado en cualquier montaña solitaria, utiliza mas del 20% de su capacidad violenta a diario.