El dolor explota por su interior recorriendo de manera gradual cada centímetro de su cuerpo, serpenteando y bifurcándose desde el estomago hasta llegar por diversas vías hasta su cerebro.
Su vista se nubla y los músculos se contraen en espasmos imperceptibles que van creando formas inverosímiles dentro de su dermis obligando a perder la verticalidad a su físico y desplomándose en el brillante y desinfectado piso de una de las alas del aeropuerto.
El avión que lo ha traído completando uno de sus sueños, cual pájaro cansado, descansa en la pista ajeno al final dramático que ha comenzado para Javier.
El personal y publico corre inmediatamente en dirección hacia el joven, quien alucina perdido, inmerso en un mundo recién descubierto hacia donde el dolor y la perdida silenciosa de los fluidos vitales le han transportado.
Menos de una semana han sido suficientes para completar el acto donde decidió, según su óptica, ser protagonista, sin darse cuenta que era solo un actor más de reparto, un peón insignificante entre el tablero de ajedrez que mueve el juego de intereses de sus contratantes, un punto difuso entre el cosmos que se hace cada vez más grande.
El guión parece haber sufrido cambios bruscos que le llevarán a la suspensión indefinida y total de la obra y a la búsqueda de nuevos actores que se sumen a la fantasía cegadora que produce la consecución del dinero de manera rápida y fácil y que sumen a estos factores la ignorancia, indolencia y perversión que produce la perdida de valores morales.
Javier siempre soñó con ser rico, poseer las comodidades que proporciona el dinero, las que logran hacer los cambios fisonómicos del alrededor, la que es capaz de ser vil y parecer inocente, la que proporciona ocio y vicio, ya que es producida por el factor mutante de menos esfuerzo para lograrla, sin balancear que otros caminos llevan a la misma posición con mejores resultados, a mayor esfuerzo pero con la compensación paradisíaca de ser mas humano y de recibir a cambio otros beneficios invalorables que el dinero no compra.
Por escasez de bases morales producto tal vez de la educación familiar o social, o por la rebeldía inconclusa de ser un habitante extraño entre la comunidad, una isla de humo entre indeseables que se manipulan entre si y que obtienen siempre como final la ausencia, la soledad y la miseria espiritual que los agobia y produce estados de incongruencia que los apartan de quienes sinceramente depositan en ellos un poco de amor.
Esa visión atrofiada del placer llevado a los limites, le hizo aceptar ser vehículo de futuros males para miles de personas que luchan por conseguir un lugar dentro de la telaraña cruel de la supervivencia, le hizo ser el punto inicial que desgravita la atmósfera del universo ulterior de la juventud que busca sustituir la mano sabia y experimentada de sus antecesores con ideas renovadas, nuevos rumbos y etapas de bonanza producidas por el esfuerzo mancomunado de factores que tienen su raíz primordial en el amor en sus diversas vertientes y su epicentro mas tangible es el derrumbe de la ignorancia que lleva a muchos a ser pobladores de la isla grotesca donde él habita.
Sin imaginarlo o no pensarlo, es el origen de los más significativos dolores que castigan sin piedad y de manera atroz a los sentimientos de madres y padres donde se incluyen los propios, que ven con horror el avance cruel y despiadado de una plaga que va consumiendo silenciosa y paulatinamente el fruto de sus esfuerzos con la complicidad cobarde de unos pocos.
Javier tuvo alguna vez conciencia, pero esta se fue de viaje con sus escrúpulos sin regresar y le envió a cambio la ignorancia e irreflexión que hoy producen que su vista vaya escalando los diversos grados de experimentación que lo conducen a la oscuridad del olvido, y al rechazo total que acompañan las acciones nada loables a las que se ha sumado.
Sus planes han pasado a ser antónimos, un fin de semana en la playa con el sol en sus espaldas y trajes de baño femeninos recreando sus ojos ávidos de lujuria, con el convencimiento que lo material de seguro le proporcionaría muchas noches de pasión con lindas féminas y farras nocturnas inacabables y exprimidas al máximo hasta donde las fuerzas le alcancen, han sido cambiados por muchas noches en el cementerio acompañado de huesos de personas que nunca conoció, en una fosa común donde el sol ni siquiera es capaz de filtrarse por el terreno agreste donde lo colocarán.
Muchos dediles de droga han reventado en su estomago e intestinos repletos de ellos, como depósito temporal hacia otros sitios, como pasajeros dóciles que navegan dormidos en busca de nuevas guerras donde actuar, milicianos serviles en la exterminación de la especie que parecen haberse rebelados en contra de sus fantasías y que han logrado cambiar miles de muertes por una sola, la suya.
La sonrisa de guasón que horas atrás dibujó su rostro ante la impotencia de los encargados de seguridad de descubrir el cargamento tan bien camuflado que llevaba, ahora es una mueca de dolor que produce caras interrogantes en el terminal aéreo.
Su perdida física para quienes exprimen el negocio de la crueldad es tan exigua que los granos de arena de la playa que pensaba disfrutar son una base mínima para los sentimientos hacia él de parte de ellos.
Ha sido solo una mísera marioneta en el teatro popular que explotan los que inescrupulosamente dan solo un nimio bocado de sus ganancias a quienes estúpidamente creen haber descubierto El Dorado en esas andanzas.
Javier con latidos perezosos es conducido hacia un centro de salud donde confundidos y alarmados descubrirán la causa de su repentino cambio de salud, pero no será testigo de eso ya que solo segundos le separan de cruzar las puertas hasta la muerte.
De llegar al lugar donde llegarían muchos de los consumidores de su carga nefasta produciéndoles antes desesperación, degradación y perversión, ocasionándole muchos daños físicos y morales a quienes se encuentren cerca, siendo despojos humanos imposibles de reciclar y muchas veces impotentes luchadores hacia su recuperación parcial o final.
Ha sido algo desafortunado en su show que será debut y despedida, aunque cuando escogió el mismo, se haya despedido prematuramente de su condición de merecer ser alguien, y de haberlo superado, habría pasado a ser tan despreciable que ni su propio espejo reflejaría más la imagen de su personalidad, solo le devolvería trazos de lo que alguna vez fue y que la cobardía pudo hacer morfosis de su físico y de su alma para que parecieran un punto de luz en medio de la oscuridad sin limites del túnel de la inmoralidad.
Tal vez sea crudo e inaceptable para muchos, pero Javier sabe ahora que su desaparición corporal devolverá la sonrisa a muchos, evitará lagrimas a padres y aunque no contribuirá al final del flagelo del nuevo milenio será un punto mas de ganancia para la sociedad.
Tarde muy tarde ha podido darse cuenta que su misión de narcomula es tal vez la más despreciable de todas las ocupaciones terrestres.