Llega el momento (Prosa poética)

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Llega el momento en el cual los recuerdos, como perfectos pacientes a la espera de ser atendidos, hacen cola en tu cerebro y abarrotan la sinapsis para ser los primeros en emerger.

Inercia lógica cuando los años por vivir son escasos y el trecho de lo andado ha sido un largo itinerario en el cual las emociones han sido protagonistas, vedettes de primera línea, estrellas fulgurantes en la representación más real de la existencia.

Llega el momento en el cual la nostalgia, abrazada a la soledad, son copilotos que intercambian turnos, para jugar a la ruleta de la memoria y transportarnos como futuristas vehículos no inventados, a etapas de tiempo donde nuestras huellas se posaron e hicieron de los minutos momentos inmarcesibles.

Cuando el tiempo parece ir más veloz y tiene sus alforjas cargadas de perdidas, consuelos y desconsuelos, verdugo pordiosero que va asfixiando la esperanza sin dejar rastros para retornar a otros instantes donde la locura del amor transformó los afectos en la policromía de colores de un arte abstracto.

Llega el momento en el cual el olvido es una armadura pero también un impedimento, para recrear, cual proyección holográfica, los temores que traspasando la osadía, nos impidieron realizar lo planeado, colocando coronas de espinas en el ímpetu y conspirando con la cordura para impedir que cumpliéramos nuestros deseos.

Cuando las limitaciones se hacen cargo de la agenda que el destino fue modificando, estimulando la creatividad para escapar de las miles de trampas que aparecieron en el camino, cual trapecista que en solo segundos debe escapar de la derrota.

Llega el momento en el cual, hay más camino en el retrovisor que por el parabrisas, en el cual los pasos se hacen cansados y el día tiene ene cantidad de horas que no podemos llenar porque no existen fuerzas y los silencios toman posesión del entorno, cual fantasmagóricos personajes que acechan a la algarabía.

Cuando tenemos poco que decir aunque conozcamos muchas historias, cuando nos escuchan pero no oyen y el tic tac del reloj nos anuncia que falta menos de lo que pensamos pero más de lo que otros imaginan.

Llega el momento en el cual estamos solos aunque tengamos compañía, porque el tren ha llegado a la última estación, donde nadie puede acompañarnos y son inútiles las despedidas.

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