Justo (Relato)

joseph1956(72)
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El tercero de los siete entrevistados es Justo, quien a primera impresión, dado su vestimenta podría ser considerado un hombre vulgar.

Es lo que pensó Jorge cuando lo estuvo en frente.

Sin dudas y esperaba escucharlo para corroborarlo Julius se había equivocado en la escogencia de este personaje.

-¿En qué puedo servirle mi rey?

Duda en cómo hacerse entender por lo que le dice.

-Quiero que me digas si te consideras una persona feliz.

Sin pensarlo mucho le responde.

-No me considero, lo soy, aunque no tenga tanto dinero como usted.

Considera que su expresión es grosera pero continúa.

-¿A qué cree que se deba su felicidad?

Esta vez tarda más en responder.

-A qué hago lo que dicta mi conciencia.

Una manera muy ambigua de explicarlo.

-¿Puedes explicarlo mejor?

-¿Es importante que lo haga?

-Claro, para eso estás acá.

-Será algo largo pero trataré de resumirlo.

-Tenemos todo el día.

-Siempre fui un gitano y un don Juan.

Si había dos cosas de las que nunca estaba satisfecho era el lugar donde vivía y la mujer que me brindaba amor o placer sexual.

Mientras pasaba el tiempo estuve claro que era feliz.

Tenía éxito con las mujeres y ninguna lograba evadir el cerco que mi seducción le imponía, como un profesional de la medicina, a cada nuevo romance iba agregándole nuevas técnicas y llegó el momento que hasta vivía de los favores económicos de las mismas y todo no hubiese sido tan pertinaz si no le agregamos mi constante insatisfacción a estar mucho tiempo en el mismo sitio de residencia, por lo cual mis pertenencias se resumían a lo que cabía en un para de grandes maletas que me acompañaban.

De esta forma conocí pueblo, aldeas, ciudades y hasta lugares que tal vez usted ni sepa que existen en este país y en otros.

Vivía el día a día como si al siguiente el mundo no existiera y me sentía el rey de los hombres y mi ego casi explotaba de delirio ante esto.

Habían dos términos que me acuñé, era un lesbiano empedernido y un ninfómano incurable.

Mis amigos, ocasionales como las mujeres, eran fugaces y frívolos, porque pertenecían al mismo entorno en el que me movía.

¿Qué hombre no es feliz teniendo a la mujer que todos desean en su cama?

De los placeres de la vida el sexo es el que más nos acerca a nuestra condición de animal y el que más sensaciones indescriptibles nos proporciona en tan poco tiempo.

El amor, esa utopía romántica que inventan para colocarle freno a las apetencias naturales del ser, era como el pequeño átomo que tras la reacción producida por el choque de los cuerpos, se destruía.

Nunca compartí la cama con alguien que no quería, vociferaba y hasta llegó el momento que me lo creí.

Estaba seguro y convencido que mi misión en este mundo era la que gratamente efectuaba.

Pasó mi juventud, mis años de multiplicación sexual y llegaron los de la experiencia que subyuga y hace tocar las nubes con los dedos y mi errabunda existencia solo había dejado el mismo par de maletas con las que comencé y una noche, producto del alcohol o de la conciencia, mientras el licor se posesionaba de mis neuronas comencé a sentirme solo.

El don Juan más solitario de la historia.

Un señor que estaba en el lugar terminó llevándome casi cargado a la habitación y no recuerdo ni lo que le pude decir esa noche.

Lo cierto es que era mi vecino y al otro día en la mañana llegó con un café sin azúcar y una sopa caliente y sin ser invitado se sentó a mi mesa.

Me contó la historia de un oscuro personaje que abandonado por su madre cuando tenía seis años, creció odiando las mujeres y juró vengarse de ellas.

Cosa que hizo convirtiéndose en un don Juan, enamorándolas y abandonándolas y hasta en ocasiones provocando que se suicidaran.

Al final murió solitario, a manos de una de sus amantes, una noche en que los tragos fueron más poderosos que sus encantos.

Le aclaré que no era mi caso, pero sin escucharme me preguntó.

-¿Qué sensación tienes después de hacer el amor?

¿Cómo explicar algo tan subjetivo?


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-No sé, placer, cansancio.

Entre muchas cosas aseguró que mi problema era que intentaba suplir mi soledad y que le tenía miedo al futuro.

Que mi principal reto era quererme, porque detrás de mis insatisfacciones estaba la ausencia de amor hacia mí mismo.

En otras condiciones lo hubiera mandado para el infierno, pero me tomó en una etapa de revisión y sus palabras nunca llevaron algún señalamiento o acusación.

Ese fue el primer día del resto de mi historia.

Por primera vez mis noches no estuvieron acompañadas por alguna presencia femenina ni mi cuarto, lúgubre como todos aquellos que no poseen la mano amorosa de alguien que los quiera, me resultó desdeñable.

Comencé a ver la cara oculta detrás del casanova empedernido y las ventajas que me ofrecía otro estilo de vida, mas acorde con mis necesidades reales, sumergidas entre el efecto narcótico de las testosteronas que invadían mi cerebro.

Mi vecino se mudó.

Un día fui a tocarle la puerta y me dijeron que se había ido.

No se despidió ni dejó su dirección, algo que antes hacía yo frecuentemente.

Me dediqué a trabajar, a diseñarme un proyecto de vida que pudiera recuperar mi amor perdido.
Ha sido largo el camino, tortuoso y hasta cierto punto intolerable, pero logré conseguir la mujer idónea y ella ha sido la columna vertebral para que, siguiendo los parámetros de este extraño hombre, hayamos progresado y seamos felices.
Justo (Relato) | Ecency