Juntarnos fue como un acto de magia
que desafió a los poderes de la realidad,
una acción valiente que convirtió la tormenta
en galerna y a la oscuridad en resplandor.
Como peces sin agua nadábamos contracorriente,
atados a los oráculos que manejaba la soledad,
desvaídos seres que vivían de las sobras del recuerdo
y eran prisioneros de la desesperanza y el dolor.
Juntarnos fue la rebelión de los corazones heridos
que escapan al martirio que les infringe el abandono,
la odisea de romper las miradas vítreas por el llanto
y cabalgar hacia la cima de los besos y abrazos.
Fue desprendernos de las armaduras del desengaño
y creer que la vida no gira en torno a las victorias,
sino a los fracasos que esculpen, como cincel a la roca,
las ganas de trascender más allá de los silencios.