El escritor emblemático de la literatura venezolana moderna es Rómulo Gallegos, pues despertó una amplia visión del país en sus novelas, como en Reinaldo Solar (1920), Doña Bárbara (1929), Cantaclaro (1934), Canaima (1935), por citar las más conocidas. Sabemos que tuvo una larga trayectoria de enfrentamiento con los autoritarismos de la época (particularmente, la dictadura de Juan Vicente Gómez) y que fue el primer presidente democrático de Venezuela entre 1948, derrocado por un golpe militar, lamentable práctica recurrente en los países latinoamericanos.
Rómulo Gallegos siempre merecerá un homenaje. Difícilmente, en estos 140 años de su nacimiento lo tendremos de un régimen negador del afán de democracia y libertad que caracterizó la vida y obra del insigne venezolano.
Desde joven, Gallegos asumió su espíritu libertario (o liberal), influido por las ideas positivistas que animaban los tiempos. Así, en 1909, publica una revista titulada La Alborada, en la que expone su pensamiento sobre el país y su destino, junto a figuras venezolanas relevantes como Julio Planchart, Salustio González y Enrique Soublette.
Quiero compartir hoy con ustedes unos fragmentos del texto del primer número de La Alborada, publicado el 31 de enero de 1909, que aparece con el título "Nuestra intención":
Salimos de la oscuridad en la cual nos habíamos encerrado dispuestos a perderlo todo antes que transigir en lo más mínimo con los secuaces de la Tiranía. Muchos de nosotros hemos estado a punto de ahogarnos bajo la presión de aquella negra atmósfera, pero nunca ceder un ápice de nuestra integridad (...) Nuestro oscuro pasado nos ha robustecido; nuestro silencio nos da derecho a levantar la voz; puesto que hemos sido víctimas, podemos ser acusadores.
(...)
El Azar, oportunamente secundado por el Pueblo, preparó la reacción de la Patria; la sacudida fue general; hasta los más remotos unieron sus voces al espontáneo clamoreo, y cada cual, al ver apuntar en su horizonte la alborada de la esperanza, sintió como si despertara de un sueño de cien años.
(...)
Hay que descender también a todos los horrores, efectos de la misma causa; se debe llevar la atención a esa miseria oscura y callejera que se libera a todos los excesos, prostituyéndose, robando, asesinando. Es menester acudir a todo, porque la infección ha sido general.
Sorprendente la clarividencia de Gallegos entonces, al extremo de que, de no saber su origen, podríamos pensar que habla del dramático presente venezolano.
¡Honor a él!
Referencias:
Alborada (1983). Caracas: Fundarte.
Liscano, Juan (1973). Panorama de la literatura venezolana. Caracas: Publicaciones Españolas S.A.