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En el Día de los Muertos (de “los Fieles Difuntos”, en la terminología cristiana), quizás venga a bien compartir algunas reflexiones sobre ese acto o hecho, en el que frecuentemente preferimos no pensar, rehuimos. Sin embargo, desde los filósofos antiguos hasta la más reciente psicología, coinciden en la necesidad de encarar su inexorable realidad. Claro, lo que ocurre es que, como llegó a expresar Miguel de Unamuno en su ensayo “El hambre de inmortalidad”: “No podemos concebirnos como no existiendo”.
Refiere el psicoanalista Fernando Yurman, en un artículo suyo, que el director de orquesta y pianista Daniel Baremboin “observaba que la música ocurre entre silencios, como la vida: hay un silencio antes de nacer y otro después de morir; la música sucede entre dos muertes”.
El gran escritor Ernesto Sábato, autor de la famosa novela El túnel (1948), enunció esta frase sentenciosa:
La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse.
Quizás uno de los filmes más influyentes de las últimas décadas de siglo XX fue Blade Runner, película de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott en 1982, basada parcialmente en la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968). En una de sus últimas escenas, el androide (o replicante) Roy, llegando a su final como ente, le dice a Deckard, el “cazador de recompensas”:
Yo vi cosas que los humanos no creerán. Vi naves de ataque incendiadas en Orán. Vi rayos cósmicos brillar cerca de la Puerta de Tannhäuser. Pero todo eso se perderá en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es tiempo de morir”.
(Les dejo el fragmento en Youtube de ese monólogo del androide *)
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Los pensamientos o textos que he citado, como suele suceder, hablan por sí mismos.
Lo que resalta Yurman es quizás uno de los más inusuales en la conciencia normal: venimos de la no existencia y vamos hacia ella, y es curioso que, a partir de la apreciación de la música, esto se piense. (Por supuesto, no de toda música: hay una estridente que nunca hará silencio.). El silencio siempre ha sido asociado con la nada.
En la adustez del pensamiento de Sábato -tan propio de alguien que estuvo muy vinculado a la corriente existencialista, pero que luchó contra la injusticia de la muerte infligida por la dictadura argentina (de allí su hermoso libro ensayístico La Resistencia), así como fue un militante en contra del horror comunista- resalta esta frase llena de una verdad pasmante, removedora de nuestro sentido del vivir, casi dolorosa.
El monólogo del androide o replicante al final de Blade Runner es algo que quedó en mí para siempre desde que vi por primera vez ese filme. Lo extraordinario y asombroso experimentado o percibido en el espacio infinito de lo sideral (o lo vivido por nosotros) se acaba en el tiempo que, al pasar, como la lluvia, será olvido.
(¡Ojo! No tengo ninguna intención religiosa al comentar estas citas. Ya cada quien, según sus creencias -si las tuviera-, se posicionará)