Acerca de Un sueño comentado de Rubi Guerra

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No tengo dudas de que Rubi Guerra es uno de los relevantes autores de la narrativa venezolana de finales del siglo XX hasta la actualidad, formando parte de la bautizada "generación del 90", al lado de Israel Centeno, Juan Carlos Méndez Guédez, Ricardo Azuaje, entre otros.

El escritor Rubi Guerra Fuente

Rubi Guerra, aunque nacido en San Tomé (Edo. Anzoátegui), es un habitante arraigado e identificado con Cumaná, donde ha hecho casi toda su vida desde muy temprana edad y ha escrito su obra narrativa que incluye dos novelas: El discreto enemigo (2001) y La tarea del testigo (2007), y seis libros de cuentos: El avatar (1986), El mar invisible (1990), Partir (1998), El fono de mares silenciosos (2002), Un sueño comentado (2004) y Las formas del amor y otros cuentos (2010).

Ha publicado varios de sus textos narrativos en Steemit; si estás interesado, puedes visitar su blog identificado como rjguerra@rjguerra. Le han realizado varias entrevistas en periódicos y portales digitales; aquí les dejo el enlace de una de ellas.

Para el momento de la presentación de Un sueño comentado, escribí un texto que compartir por acá, y de ese modo reimpulsar la promoción de la narrativa de Rubi Guerra.

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Un sueño comentado fue publicado en 2004 por el capítulo venezolano del grupo editorial Norma, iniciativa que saludamos en su momento, pues demostraba el interés que para una editorial de este rango y cobertura latinoamericana había comenzado a cobrar nuestros escritores de las últimas generaciones; es un reconocimiento del valor que la obra narrativa de Rubi Guerra había empezado a alcanzar dentro de la literatura venezolana y de habla hispana actual, de lo que ya habíamos tenido claras muestras con la edición de su novela (El discreto enemigo) por la editorial Planeta y de su anterior libro de cuentos (El fondo de mares silenciosos) por el Fondo Editorial de la UNAM.

Un sueño comentado es el quinto libro de cuentos de Rubi. En él se reafirmaba la madurez de una voz y una mirada propias, de un estilo y una realidad de la palabra que son resultado de un denodado y esmerado trabajo del espíritu. Los que tenemos el privilegio de conocer de cerca a Rubi, y de haberle seguido los pasos como escritor a través de su libros anteriores, sabemos de su dedicación a ese arte y oficio, nada fácil en estos tiempos de dispersión e inercia, y también conocemos de su pugna interior por la calidad, de su autoexigencia, así como de esa corriente procelosa de imágenes, historias y sueños que lo acompañan e intranquilizan, con sus insomnios y soledades.

Portada de Un sueño comentado Fuente

Mas hablemos del libro en su contenido. En continuidad e intersección con los libros precedentes, pero esta vez con mayor presencia, el espacio del sur-oriente venezolano (El Tigre y los campos petroleros, por ejemplo), o el estado Sucre y, en especial, Cumaná, vibran como referentes que son recreados en tanto lugares físicos, pero igualmente como lugares de relaciones, costumbres, habla, en definitiva, como territorios de vida. Y allí se revela, en una de sus varias manifestaciones, el componente autobiográfico que, en lo personal, reivindico sin ambages para la obra creativa, pese a lo mal que cierta teoría literaria lo ha tratado. Siento el logro en la construcción-recreación, y en el imaginario, de un espacio, en el sentido amplio, que percibo como una geografía espiritual particular, que le pertenece al autor, pero que también hacemos nuestra por su palabra. Esto lo alcanza con el uso pertinente de momentos descriptivos y /o narrativos de gran agudeza, exactitud e intensidad, por supuesto, no limitadas a este horizonte, como por ejemplo:

Durante un segundo atraviesa frente a sus párpados cerrados la imagen del río de Cumaná: las fangosas orillas, los grandes árboles, el agua de reflejos plateados y los cuerpos mojados de sus hermanos saltando desde el puente Guzmán Blanco en una lenta danza aérea.

O también en este fragmento:

[...] su silencio ocultaba la inmensa náusea que comenzaba a llenar su cuerpo, como si quisiera arrojar todo –todo– lo que había dentro de ella: la cena de la tarde y el agua que había bebido, y el estómago y las tripas que las contenían, y la saliva de los besos y el semen de Jesús, y la sangre de su cuerpo, el sabor del café, el recuerdo de sus padres y sus hermanos pequeños, su infancia feliz, la música y sus canciones, todo lo que la hacía ser ella [...]

Y con este segundo ejemplo, que no refiere necesariamente a un espacio geográfico determinado, quiero resaltar otro aspecto de los logros narrativos de este libro: la configuración y el tratamiento del narrador o de la voz narrativa. En la mayoría de los cuentos que lo integran (son siete en total) las historias y sus comentarios son presentados por un narrador joven que testimonia o reconstruye la historia desde su naturalidad, facultad reflexiva, suspicacia y/o distancia circunstancial presente. Un narrador que trata de no juzgar moralmente o que deja abierta las posibilidades de interpretación para el lector. Por ello, con frecuencia, podemos sentirnos como ante una historia inconclusa o un estado final donde sólo nos queda la pregunta o la insatisfacción, como si no “pasara nada”, como si faltara algo por decir. Pero esto no es una falla o una ausencia del relato, sino su fuerza y su propuesta de estrategia narrativa y lectora. A menudo el narrador se comporta lúdica e irónicamente hasta el grado de autorrepresentarse y manifestársenos como tal, es decir, en su condición de ente que nos trasmite una historia que va articulando-escribiendo. Veamos un ejemplo:

Reconozco que no soy bueno para las escenas eróticas. Si me esfuerzo podría lograr una convincente, pero es un trabajo que me causa más molestias que satisfacciones. Como Bartleby, prefiero no hacerlo. En consecuencia, saltemos sobre el relato, apresuremos las páginas [...]

Rubi Guerra en caricatura realizada por danapalooza@danapalooza Fuente

Y aquí encuentro otro rasgo importante en el libro: su juego con referentes intertextuales, nombrados o solapados, como ocurre con la referencia al viaje del Dante en la Divina comedia o del personaje de El corazón de las tinieblas de Conrad. O de otro modo, aunque también intertextual, al homenaje que Rubi hace a Borges y Ramos Sucre en el texto titulado “La biblioteca”; extraordinario texto por la extrañeza y compleja sutileza que lo constituye. Y dada esta alusión al viaje en los cuentos del libro, me gustaría indicar aquí que ese juego con el desplazamiento –físico, mental u onírico–, clave organizadora de los relatos, es uno de los elementos más sugerentes, desde mi perspectiva.

A propósito de esto último, no puedo dejar de hacer una mención especial al cuento que le da título al libro: “Un sueño comentado”. Es un relato realmente singular por su estilo; sin embargo, guarda una vinculación quizás no evidente con el resto. “Un sueño comentado” es el sueño dentro del sueño, de nuevo Borges (y también Unamuno). Más allá de su carácter experimental, poco presente en lo que lo antecede, las imágenes oníricas, que se nos hacen realidad escurridiza y variable en él, como debe ser en todo sueño, nos colocan frente a una realidad también precaria, la que, desde mi modo de leer, vertebra todo el libro. Y aquí llego al final.

Me quiero referir a lo que he compartido con Rubi en una de las conversaciones sabatinas del Hotel Astoria (en el “ombligo del mundo”, diría alguna vez el poeta Oswaldo Acevedo, en aquella mesa redonda que “nos absolverá”); la materia espiritual que recorre estos cuentos, que se podría designar con diferentes nombres, pero todos confluyentes: el fracaso, la derrota, la culpa, la quiebra, la caducidad... En estos cuentos Rubi Guerra hace una presentación (mural, elegía, tributo) del hombre común, ese que hemos sido y somos y seguiremos siendo (sobre todo este gerundio), hecho de luces y de sombras, de apuestas y errores, de búsquedas y sinsentidos, de descensos, especialmente de descensos, como ya nos había mostrado el joven iluminado de Una temporada en el infierno. Rubi Guerra pareciera conducirse en la indagación de una memoria de lo perdido o de la pérdida. De allí la infancia (especialmente esta), la familia, la escuela, la aldea (sea campo petrolero o mina de oro) o la ciudad; pero igualmente, la emisora radial, el bar, el prostíbulo; o en otro plano, el mar, la llanura y la selva. Lo pasajero y cambiante afrontado y confundido con lo arraigado, y más, con lo arquetipal. Personajes que se pierden o que pierden en medio de su pasión y su destino o azar (¿acaso serán lo mismo?), que buscan su sombra y se desvanecen en el olvido y la vergüenza, que ruedan o se paralizan, desterrados y arriesgados, traicionados o tocados por el misterio y la muerte, trocados por la incertidumbre y el desasosiego, en el corazón de las tinieblas que es la realidad que nos alcanza y engulle. Pero personajes que viven, como vive la narrativa de Rubi Guerra.

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Gracias por su lectura.

Puedes visitarnos en @equipocardumen y en Discord


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