Es oficial, la Conmebol ha confirmado que la Final de la Copa Libertadores del año 2019 se jugará a partido único, en sede neutral. Un formato similar al de la Liga de Campeones de Europa. De mi parte, me parece fantástico, una apuesta osada pero sin duda necesaria para el crecimiento de nuestra Copa Libertadores.
Hace un tiempo atrás, cuando empezó a sonar con fuerza esta idea, conversaba con un amigo sobre ella, y desde el principio me ha parecido una idea estupenda.
En mi opinión, eliminar el doble partido en la final, nos generará desenlaces más apasionantes, más lleno de lucha, entrega y ambiciones. Los equipos se verán obligados a reducir el margen de especulación, a plantear partidos más intensos, sin ensayos. Esto no evitará el fútbol defensivo, pero acabará con los planteamientos carentes de ofensiva, sin intenciones de agredir al rival. Las finales a partidos únicos nos darán partidos vibrantes, llenos de tensión, de emociones, de momentos épicos. Nadie celebra un gran partido de ida si su equipo no se corona campeón.
Ahora bien, él me planteaba otro escenario. Las diferencias económicas entre Latinoamérica y Europa son notorias, y esto puede afectar el desarrollo de una final en escenario neutral. Se imaginaba una Final de Libertadores entre un equipo chico, con todo respeto, como Independiente del Valle y Boca Juniors en Caracas; con un estadio a medio llenar, con problemas de logística y comercialización.
Por mi mente realmente no se asoma esa idea. Imagino finales épicas, inolvidables; River-Peñarol en Lima, la U de Chile contra Boca en Montevideo, Cruzeiro enfrentándose al Atlético Nacional en Barquisimeto, el Caracas frente a Flamengo en Bogotá. Finales cargadas de color, de dramatismo, de pasión y momentos para la historia. Estaremos rompiendo barreras con el fútbol, llevando su alegría a todos los rincones del continente.
Desde lo económico y logístico, debe verse como una oportunidad, no como una desventaja. Y la diferencia la marcará la planificación.
No se pueden dejar cabos sueltos, y deben delimitarse y atacarse las distintas variables que puedan afectar el buen funcionamiento y desarrollo del espectáculo. Vuelos, hospedajes, vías de acceso, abastecimiento, seguridad, control, comercialización, condiciones de la cancha, televisación, horarios, posibles contingencias. Todos estos son aspectos que se deben tener controlados para realizar un espectáculo de altura, digno de nuestro balompié. No hay espacio para la improvisación.
Celebro la apuesta. Sin duda, épica.