Y a ti mujer,
que tus labios caen como bombas en ciudades secretas del cuerpo,
que te riegas sobre la esterilidad de mis labios y la sequedad de mis palabras,
interminable resucitar del pobre corazón que yace crucificado en este pecho;
te agradezco de tu saliva el veneno,
los sucios conjuros que arrojas y hasta la violenta ligereza de tu mano hambrienta de rostros.
Muchas gracias.
A pesar de todo,
este cuerpo que tomé poseso con tu embrujo sexual,
le pertenece a la boca de la bruja que le invoca en el pentagrama de la cama que le ama.
Por siempre tuyo.
Jonas Alfredo Perez Klud
La imagen pertenece a uno de los tantos estudios que hizo Leonardo da Vinci sobre la anatomía y la figura humana.