Tengo un inventario de desidias ordenadas
de males decretados de peor a mayor
acompañados por un Beethoven imposible
atormentándome los sesos
son esta cincuentena de calles diarias
con sus desgracias escondidas
en sus neblinas de sueño pasado
tengo líneas destilándome del plexo
desde mi herida añorante de niñez
una hueste pavorosa de pérdidas
de árboles aserrados
de casas derribadas
de familias desgajadas
de costumbres enterradas
y de calles sucias
Te rescato pueblo de antes
en la voz de mi madre y sus sapiencias
en estos amaneceres valiosos de ahora
oyendo sus páginas de espíritu
convencida
alegórica
tajante
inquebrantable en su camino
absoluta en certezas
Sí “Madre”...
Me rescato a mí mismo
en tu registro
en tus luces ordenadas
de buenas a mejores
de valiosas a invaluables
en tus rulos encanecidos
y tus mañanas
acuñadas de rosario y trisagio
con miradas de cariño…