Aprendí a perdonar aunque no me lo hayan pedido, esperando que algún día disculpen mis fallas.
Se que aunque me pierda en el desierto no olvidarían mis errores, pero si me marcho mañana perderían de vista mis buenas acciones.
No tengo a quien culpar, pues es la vida la que ha dicho: así es el hombre, lleno de errores y desventuras, amores y odios.
Así dejaré mis huellas, llenas de vida y de amores, perdones y grandes bendiciones.
Que sea grande la dicha, que sea grande el perdón, y que haber amado no signifique nunca un error.