Esa pose inflamable carente de advertencias desajusta la ecuanimidad y otros mal firmados acuerdos.
Se avivan las sensaciones con su irresponsable merodeo. Cuántos retoques yacen en los detalles, confunden los motivos del encanto.
No hay nada más subversivo que tu desnudez… ¿cómo se le hace el amor a un poema?
Concluyente el cruce de miradas. Leves temblores delatan la sinceridad de lo recorrido. El labio inferior, el labio superior… en fin, tus sutilezas.
Una pausa para sonreírnos, susurrar, validar, para aceptar, con resignación, lo que sigue. Exquisito recorrido sensorial que versifica un mañana, azuza el esplendor del hoy, ¿hubo un ayer?
Ya nada será igual tras esa expresividad de manos y pies en el atrevido, exacto y parsimonioso desentrañar.
Cuánta experticia en desordenar sábanas y estrategias. Hay tanta generosidad en esta generosa igualdad de género… Se cosifica en gemidos, en ambas direcciones, la gratitud.
Espasmos memorables, enajenación, frenético sujetar de todo lo abiótico y biótico, bizquear, sonrojo, crepitantes palpitaciones, sucesión de máscaras que desenmascaran el argumento de lo íntimo de la intimidad.
Poesía esposada y eufórica; reencontramos, por momentos, entre dientes y uñas, los pronombres personales, también los nombres propios….solo por momentos.
Se desvanecen nuestras esencias en una humedad legitimada por emotivos y sordos alaridos.
Abrazo lo sublime, libre de esquemas, siervo de su delicadeza, amigo del silencio… “qué linda eres”… “no somos asintomáticos en este viaje a donde terminan los mapas”.