A su merced, en medio del deleite causado por su delirio de poder me encuentro atado con deseos de tomarla, darle rienda suelta a mis instintos carnales, poseerla de tal forma que sus gritos puedan ensordecer mis bajos deseos.
Acumulé mi fuerza de voluntad permitiéndole a ella poseerme satisfactoriamente.
Cuando su juego ha terminado me libera de las cuerdas sutilmente atadas, su mirada de reproche y una tímida sonrisa son carta blanca;
La tomo de las manos dándole un giro, colocando su cuerpo en la posición que me favorece.
Su trasero expuesto, sus glúteos amenazantes detonadores de lujuria y pecado, húmedo, humeante deseoso de una nueva entrega.
Ato sus muñecas en su espalda, el arco del triunfo en espera de mi fenomenal llegada, procedo a comerme sus fluidos, ella tan amante, tierna, seductora, dominante...
Disfrutó hasta llevarme a la locura, será testigo de su tortuosa realidad.
Mis manos poseen su piel, se hacen dueñas de lo infinito, Sus caderas sé instalan en mis dedos danzantes apretando su piel sudorosa cambiante instintiva a mi tacto.
La cubro con mi lengua saboreando con ímpetu su zona, esa que esta hinchada, mi lengua retadora entra y sale de su ser, provocando infinidad de deseos, suplicas a las cuales no estoy dispuesto a ceder.
Cual tornado arrollador que invade un mar Furiosamente.
Introduzco mis dedos intentando hallar su punto mágico, cuando está a punto los retiró y ella... ella, sumisa pide más, se siente expuesta, deliciosa, calcinante bajo mi poder.
Debo admitir que deseo estar en su centro, deseo castigarle severamente.
Harto de darle pausas a lo inevitable posiciono mi arma en su entrada, listo para el asalto, expectante cual ladrón.
De un movimiento la hago sentir la rudeza de mi ser.
Ella gime complacida, su cuerpo explota con tan increíble acto.
Tomándola del cabello la convierto en mi potra a dominar, salvaje e inquieta.