Recorrí el sendero de tu alma, encontré los más tiernos lugares para descansar, recuerdo que salí ese día y compré dos anillos uno con tu nombre y otro con el mío; después volé con mis manos a tomar las caricias que me regalaba tu hermosura, y ya no pude volver a miras otros ojos, tu mirada completó el sendero que buscaba.
Me tocó vivir una vida sin tormentas, sin encuentros traicioneros, sin besos fingidos, ni pasiones vanas y sin esconderme por las madrugadas; encontré en tus labios la miel más sabrosa, y entre nuestras noches la pasión inmensa nos llevó hasta el Cielo, y para aventuras, te llevo en las noches a la obscuridad y robo tu cuerpo.
Disfruté cada instante de la vida, hoy, toda una vida después, igual te siento niña, aún no ha cambiado el sabor de tu boca, ni el dulcísimo calor de tus abrazos; aún sigue intacto ese tono suave y adormecedor de tu voz, y aunque tu cabello tiene el brillo de la nieve, sigue siendo mi más tierna almohada.
Sí, aquí tengo aún aquel anillo y ahí está tu nombre un tanto borroso, y en tu manita mágica aún está el mío que brilla orgulloso; es toda una vida, escrita en mil poesías y que tú las guardas en la estantería de tu corazón, y yo entre los libros que cierran las puertas de mi inspiración...
Esa inspiración que solo me dio tu amor y que a veces sacas a fanfarronear con tus amigas.