Una de las inversiones que mas me apasionan son aquellas que me dejan buenos recuerdos como recompensa; me refiero especialmente a mi familia, me agrada compartir con mi esposa, mis hijos, comer con ellos un helado, ir a la playa o solo disfrutar de una buena película junto a un tazón de palomitas. ¡Que inversión! Invertir en ellos deja en mis ojos un brillo mayor que el símbolo de "dolar". Estos buenos recuerdos son heredados de generación en generación en las reuniones familiares y amigos. Aunque esto suene lindo y valga la pena recordarlo, lo malo, desagradable o irritante también sale a flote cuando intentamos recordar el pasado. Recuerdo una de esas frases desagradables que oí en mi infancia: ahí viene el coco. ¡Que tontería pienso! Intento olvidarlo y el pensamiento sigue allí en la superficie, como una botella a la deriva esperando ser encontrada por alguien. El pensamiento persevera, continua, hasta que decido meditar en el, desempolvando los detalles de aquella trágica escena: Yo corriendo, con un terror de voltear y verlo, escuchando la voz de un conocido diciendo, apúrate, ahí viene el coco. No logro recordar cual era "mi imagen del coco", pero a esta edad, seria algo así:
Mi tema central no es desarrollar una exegesis sobre el temor, o presentar diversos estudios al respecto que quizás no lean, pero si deseo dejar la reflexión sobre nuestro "aporte" como padres para que nuestros hijos superen los miedos. Esperando que no seamos lo generadores del mismo mal. Hay miedos subconscientes que se instalan porque los padres en lugar de ayudarlos a enfrentarlos, los ayudan a escapar para sacarse el problema de encima. Cuando tu deber y el mio, como padres es que el miedo no pase a la próxima generación. Quizás esa es una de las razones por las que hoy nos encontramos con adultos inseguros, temerosos, irresponsables, sin proyectos, metas y poco esforzados (por un tiempo me afecto). No digo que sea la única razón, si no parte de ella. Lo cierto es que repensar es bueno, que los obstáculos a veces suelen ser una pizca de arena dentro del zapato y que en realidad el COCO de ayer no es tan terrible como solías pensar.
A todos los Steemits papás, a sacar el agua a ese coco, a procesar y hacer una rica conserva que podamos compartir en familia y así continuar invirtiendo en buenos recuerdos.