Cuando nacemos estamos totalmente a la deriva del mundo, a la merced de lo que nuestros padres deciden hacer con nosotros, no tenemos noción prácticamente de nada, al menos no con el poder de elección que tenemos cuando vamos ya con una edad más avanzada. Poco a poco vamos creciendo y nuestra vida empieza a tener algo de sentido. Empezamos a tomar decisiones, nos gusta un juguete u otro, no quiero comer esto porque no me gusta, y así vamos madurando.
Pero, ¿realmente la vida empieza a tener sentido?, es esta una pregunta que me he hecho, porque a veces todo parece tan incierto, tan complicado de entender, que no sé hasta que punto en realidad podemos decir que hay un sentido total de hacia donde nos encaminamos a medida que vivimos.
Y sé bien que en la actualidad todo está muy complicado, incluso para los adultos, es mucho más fácil entender que para lo más jóvenes todo lo tienen más difícil aún, incluso con un nivel de complejidad mayor al que nos correspondió vivir en nuestra época de adolescencia.
Pienso que tener claro hacia donde nos dirigimos es necesario para poder tener una dirección, y saber que a pesar de que la situación pudiera parecer alejarnos de nuestro camino, saber que nos encarrilaremos de nuevo, pero aún cuando tengamos en mente muy claro todo, la verdad es que aún así no es seguro que llegaremos.
Esto puedo generar cierto nivel de frustración, porque la vida misma es así, y no la podemos controlar por completo, a veces nos cuesta controlarnos a nosotros mismos, nuestra acciones, más difícil es, evidentemente, controlar lo que nos es externo.
Y los ánimos de querer controlar siempre están presentes en nosotros, es difícil, que no sea así, y lo mejor para nuestra tranquilidad mental es que podamos controlar sólo a nosotros mismos, nuestras reacciones ante lo que nos ocurre, porque lo que nos ocurre no lo podemos controlar del todo, en realidad, reo que nuestra injerencia en lo externo es muy poca, y gastar tanta energía en ello es irracional.
Pienso que por mucho que pensemos en la dirección que queremos tomar, no hay certeza de nada, debemos aprender a vivir con eso, para que nuestra mente se sienta bien, libre de pensar en lo que nos puede ayudar, y además, nos da la libertad para que visualicemos de manera clara lo que queremos y caminar hacia ello.