Venezuela es una especie de cárcel sin rejas (aunque el gobierno tenga presos políticos), pero yo me refiero al espejismo democrático en el que nos zamparon hasta el cuello. Fíjense, tenemos Consejo Nacional Electoral, contamos con partidos políticos de oposición que participan en las elecciones que se convocan y que, además, organizan sus propias primarias y eso se vende como pan de horno, libremente, porque resulta que, en Corea del Norte, China, Siria, Irán y en otros países no hay elecciones democráticas para elegir a sus gobernantes.
Ante los medios de comunicación andamos bien, pero la realidad es otra porque las instituciones gubernamentales han sido secuestradas y no se entregarán ni por las buenas ni por las malas ni rezando ni acudiendo a otros.
Venezuela es una especie de Tocorón grande. Festín para el delincuente y vacuna para el pueblo. Vuélvanse a fijar. Tocorón, la cárcel que acaban de “desmantelar”, era el centro de operaciones de la megabanda El tren de Aragua, era la fortaleza donde este grupo delictivo tenía libertad para planear sus crímenes, servía para reclutar y entrenar a nuevos matones y les permitía los ingresos por el cobro de las vacunas a los reclusos. Una fortaleza equipada con piscina, discoteca, banco, zoológico, parque de atracciones, campos de beisbol, depósitos de armas y municiones, de vehículos robados y en donde los familiares podían ir a vivir con los presos o amanecer parrandeando, fumando droga porque dentro había una especie de gobierno independiente y hasta con túneles para salir a delinquir.
Tocorón es una muestra de impunidad permitida por las autoridades, una mancha más para Venezuela, de la que será difícil desprenderse porque aunque hayan tomado las instalaciones, los cabecillas escaparon y eso que era una operación “sumamente secreta” y a pesar de que la caballería del gobierno estaba conformada por 11 000 funcionarios, un batallón blindado de lo mejor de nuestras tropas, no se quiso, (digo, pudo) evitar que se fugaran 400 o 500 reos y entre ellos un niño, un tal Guerrero que sin hacer honor a su apodo salió campante y lirante.
Es una impunidad permitida que no sólo nos destruye internamente, sino que le permite a los alacranes que escaparon seguir robando, matando, extorsionado, traficando, acabando con los países de Suramérica donde han venido operando. Es una lástima que Venezuela se haya convertido en una Tocorón grande y fea para el mundo.
Tocorón, Tocorón
la cárcel donde el interno
vivía mejor que en la calle
con la anuencia del gobierno.
Hacían festines en grande.
Con las armas del gobierno
secuestraban y mataban
y seguían feliz, internos.
Aserrín, aserrán,
los fusiles de Guerrero
piden pan
y les dan,
piden vino
del más fino,
se emborrachan y se van
a robar, a matar
por las calles
¡pam! ¡pam! ¡pam!
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