Miro el llano en los ojos que me miran
a través del cristal de la mañana
porque el llano se vuelve una ventana
para encontrar a Dios, quienes lo admiran.
Encontrado el Señor, feliz respiran,
y se vuelve el llanero a la sabana,
montando en su caballo, no profana,
la bendición de Dios que en paz aspiran.
El llano tiene enredaderas buenas
en donde el hombre enreda bien las penas,
para que no lo mate la tristeza.
Pero el hombre llanero, como a todos,
sabe que Dios los saca de esos lodos,
y en su palabra, le da fe y grandeza.
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Texto y fotografía de Jesús Pérez Soto