Tal vez tú y yo
no nacimos para estar juntos
como el frío y el abrigo,
pero ya que nos hemos
encontrado en espera,
sedientos;
cedamos en secreto,
con misterio,
con símbolos,
sin publicidad,
al encuentro tácito,
al vuelo del amor callado.
Bien sabes
que los sedientos
que se juntan
lo dan todo o no dan nada;
y como algunas aves
podemos bajar en picada
para alimentarnos
de las semillas de cada uno
y hasta las raíces del otro.
Bien sabes que las aves
entierran sus garras,
destrozan con sus picos
y devoran sus presas
sin contemplación.
Bien podríamos alimentarnos
con esa forma
de hambrienta ternura
hasta perder las alas;
para luego, al levantar el nido,
regresar caminando,
como extraños,
pero felices
por la próxima caída en picada.
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