Vivía gritando por ayuda sin parar
unos pocos escucharon
solo querían hablar y ser escuchados
no seguir escuchando algo que no podían cambiar
entre cortes, sangre y dolor vivía
queriendo dejar de llorar y ahogar a su alma
el aislamiento era su eterno acompañante
los susurros lo acompañarán hasta el fin de los días
dejó de gritar, dejó de pedir ayuda
cayó para siempre
ahora su silencio ensordece al mundo