La esquina del espanto
No entendía la persistencia detrás del nombre de aquella esquina, ni el porqué el miedo patológico aún anidara en la memoria colectiva de la gente de la pujante urbe.
Aquel día quedo en reunirse con el cronista del pueblo, que poco a poco se transformaba en ciudad.
Mientras esperaba notó una pesada quietud en el ambiente que lo molestaba y que juzgaba disonante al ver los pequeños edificios que alternaban con casas de épocas pasadas.
Veía a la gente caminar en ambas direcciones evitando cruzar por la intrigante esquina y la tenebrosa casa.
Miraba el reloj y al percatarse que está próxima la hora en que se reunirá con el cronista, decide desoír la advertencia que este le hizo, «Por ninguna razón te acerques a la esquina. Espere a que yo llegue».
Pensó en el sinsentido de la advertencia en tiempos modernos, y sin titubear se encaminó con paso seguro a la esquina en donde la casa con paredes derruidas parecía una cicatriz.
Escuchó una voz llamándolo por su nombre desde el interior de la casa. Inmediatamente le vino la idea de que tal vez era el cronista.
No contestó. Al observar la puerta semi abierta de la casa, con algo de precaución la empujó mientras escrutaba el interior.
Volvió a escuchar la voz ronca llamándolo, pero intempestivamente una mano lo toca en el hombro desde atrás, sobresaltándolo.
Un hombre de mediana edad le clavó la mirada y le recriminó la osadía de no acatar la advertencia.
Ambos sintieron el escalofrío recorriéndoles la espina dorsal. Una sensación desagradable e inusual en él, un chico moderno cuya tesis para graduarse busca desmitificar las supersticiones y leyendas urbanas.
Un bulto difuso e informe revoloteaba sobre sus cabezas. El cronista lo sujetó por el brazo y lo haló hasta sacarlo de la casa, mientras recitaba en voz alta unas oraciones pidiendo protección.
Ya afuera, ambos caminaron deprisa intentando no oír el tumulto dentro de la casa. El rostro pálido del joven parecía como de cartón.
El cronista dio gracias a Dios por haberles permitido escapar a tiempo de la esquina del espanto, y el joven, muy afectado decidió in su facto cambiar el tema de la tesis.
Supo que el encuentro de ese día, pasaría a través del cronista, a hacer parte del folklore de la ciudad y él, un nuevo espantado.
Fin
Una micro ficción original de @janaveda
Imagen de Pawel Grzegorz en Pixabay