Micro ficción: El décimo aniversario

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El décimo aniversario

La turba enardecida arremete contra la barrera de contención, ubicada estratégicamente por la policía para evitar el saqueo del último local con alimentos del pueblo. El descontento fue aumentando en la misma medida del racionamiento. La gota que rebozó el vaso, un vídeo en las redes sociales subido por la hija del Alcalde para mostrarles a sus allegados, el gran festín organizado por su padre para celebrar el décimo año de su llegada al poder.

Una gran mesa repleta con diversos tipos de quesos era el centro para el selecto y reducido grupo de invitados. El jefe de la policía descollaba en voracidad, evidenciando la fama de glotón e inmensa barriga. No muy atrás, el eminente juez principal bailaba acaramelado con la señora fiscal, terror de los vagabundos acusados de robar comida. Los mesoneros, atentos y diligentes, llenaban las copas de los asistentes con exquisitos vinos, cuidando que nunca estuvieran vacías.

El Alcalde, deleitado, parecía otra persona. Horas antes él había dado una rueda de prensa pidiendo entereza y sacrificio para salir de la crisis, tildando de mentirosos a quienes lo acusaban de ser el causante de la grave situación de escasez y pobreza acaecida bajo su gestión. En el vídeo, el rostro del primer ciudadano distaba mucha de la expresión de angustia y preocupación mostrada al público asistente que lo escuchó como hipnotizado.

Los primeros negocios en ser saqueados pertenecían a algunos de los invitados al festín del Alcalde. En especial, los expendios de productos de primera necesidad, cuyos precios cada vez eran menos asequibles al ciudadano cuyo trabajo sostenían las finanzas del gobierno local. Quienes una década antes, pululaban despreocupados por los pasillos comprando lo requerido para la subsistencia.

La anarquía dominó las calles. Rostros desesperados mezclados con los de los saqueadores de oficios, protegieron sin querer, a quienes no desaprovecharon la ocasión de desvalijar los locales, llevándose enseres de todo tipo. Muchos corrían de un lado al otro, destruyendo todo a su paso, como enjambre de langosta.

Muchos policías, unidos a los desesperados, participaron en los saqueos. El hambre también golpeaba con fuerza sus hogares. La furia se prolongó durante horas hasta que el ejército intervino restableciendo el orden y apaciguando a la población decidida a recuperar la libertad y a hacer valer su única demanda: la destitución inmediata de las autoridades.

Fin

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Una micro ficción original de janaveda@janaveda

Imagen de Couleur en Pixabay

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Muchas gracias por leerme, espero sea de su agrado.

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