Un amor mendigo.

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Por más que quieras escapar de tu vida será en vano, las cadenas que se forjaron en acero puro son inquebrantables, tan duras y macizas que ninguna hacha podría cortarlas, tan firmes que ni el mismo tiempo ha logrado oxidarlas; esas cadenas puestas en tus pies y manos cuya llave para ser liberada ha sido extraviada, en el mismo tiempo me mantiene en esa prisión llamada hogar.

Así es, tal cual leen; soy prisionera de este hogar en donde el amor acabó hace años, donde la rutina y falta de comprensión terminaron ese amor que supuestamente era grande he inquebrantable, un amor en un tiempo envidiado por el grupo de amistades y que hoy en día de eso ya no queda nada. 

Esta relación comenzó a morir de apoco y sin darnos cuenta ese poco se volvió un demasiado. Cada vez la frialdad se apoderó del calor de hogar que por tanto tiempo cuidamos, ese calor y llama al parecer fueron extinguidos por el deseo de mi marido hacia otra mujer, una que supuestamente lo comprende mucho mejor que yo. 

La verdad yo misma continúe en esta rutina, donde él llegaba tarde y su camisa olía a otro perfume, me mantenía cerca del hombre que llegaba con besos pintados en el cuello y el dolor interno me estaba matando, su amor por mi había muerto y yo lo seguía amando.

Veía a nuestros hijos y pensaba en cómo nos hacía esto; analizaba la situación y a mis hijos no les hacía nada ya que pese a su amorío y a que se sentía como adolescente aún seguía siendo un excelente padre. Su problema era conmigo, su amor por mí había desaparecido del todo y no sabía cómo revivirlo, ya que esas cenizas al parecer habían sido exterminada por aquella mujer que ahora ocupaba mi lugar.

Mi hogar era mi prisión y mis cadenas invisibles las reforzaba cada día más y a cada instante ese dolor me consumía; juro que quería hacer un cambio y acabar con todo, no temo a la soledad, pero lo amo y aunque ya no me ame me conformo con verlo en esta maldita cercana lejanía.

Mis hijos no se dan cuenta y agradezco eso, ya que no quiero que ellos sufran o lo odien por hacerme tan Infeliz, yo misma me hago daño quedándome donde se ve a leguas no me quieren, será que debo dar ese paso al costado y terminar de hundir este barco que hace año y medio náufrago; será acaso que puedo lograr recuperar mi autoestima y alejarme del amor de mi vida.

Ya no pudo más, escuchar por las noches cuando él le dice buenas noches mi amor, mientras cree que duermo; es una tortura silenciosa y despiadada, no tiene acaso compasión de la mujer que le entregó los mejores años de su vida, no hay piedad para la madre de sus hijos, no hay consideración ni lástima por esta pobre ilusa, enamorada, perdidamente enamorada de mi infiel marido.

He tomado la decisión al fin de que mis cadenas deben romperse por mi propia mano, ya que fui yo la gestora de este calvario del que debí haber exiliado hace mucho tiempo, he decidido que marchar, irme de este hogar que en el comienzo se formó de sueños he ilusiones, hogar que dio la bienvenida a nuestro primer hijo y que se completó con la llegada de nuestra segunda hija; he pensado que un verdadero hogar debe estar colmado de amor y risas y no de llanto y mentiras.

Le he dicho que me voy y mi alma guardaba esa pequeña esperanza de que me dijese que me quedé y arreglemos esto, más ese pensamiento se difumino con sus palabras de alegría por mi partida, no te preocupes por los niños, te daré su manutención, fueron sus crueles palabras, tomé a mis hijos y partimos sin mirar atrás, porque atrás ya nada más queda para nosotros, el amor por aquella mujer fue más fuerte que el amor por sus propios hijos.

He encontrado trabajo y nos va bastante bien, tenemos un pequeño departamento y no nos falta nada, cada mañana llevo a los niños al colegio y al salir del trabajo los recojo, hacemos las compras y preparamos la cena, comemos en familia, nuestra pequeña familia. 

Mi ex marido no visita a los niños, según no tiene tiempo, aquella mujer absorbe su vida como parásito y él deja que lo haga sin sin siquiera  omitir queja, aunque no necesito su ayuda monetaria mis hijos si necesitan a su padre, pero como obligarlo si a él no le nace verlos, ni siquiera llamarlos.

Han pasado diez años y mis hijos ya adultos, egresados y casados me dan la felicidad verdadera y siento gran regocijo en mi alma cuando mis nietos me dicen abuela te amamos, comprendí con bastante dificultad que el amor no se mendiga ni menos uno se debe humillar, hoy soy feliz, soy madre, abuela y tengo el más grande tesoro, el amor desinteresado de mis hijos, nuera, yerno y nietos. 

Se preguntaran si se algo de mi ex marido, pues la verdad no, para que preocuparse de quién lanzó lo más hermoso a la borda, para que saber si fue o no feliz en esa relación que destruyó por tanto tiempo mi vida, no, no le guardo rencor porque de ese amor inicial que si fue puro y verdadero nacieron mis reales tesoros, mis adorados hijos. Al final rompí las cadenas, terminaron quedando en ese hogar que al final fue esa cruda y fría cárcel. 

No me arrepiento de lo vivido y mis años guardan la experiencia, el amor, el dolor, la ilusión y la valentía que tuve para cambiar, no por él sino por mi. Hoy soy feliz la más feliz del mundo.



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