Turbio amor. Parte 2.

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Por Ismael Rodriguez.

—Sé que estas semanas han sido geniales junto a ti. Aun así, no he sido del todo sincera contigo, y eso no me deja dormir por las noches –

Eso era lo menos importante para Rudolf, después de todo, su vida también escondía grandes secretos, que, de ser revelados, pondría en juego la vida de muchas personas.

—Mónica, estoy seguro que será algo que yo pueda entender. Lo más importante para mí justo ahora es, poder estar a tu lado, y poder hacer lo que queramos —.

La mirada vacilante junto con un juego de manos, y el sudor en la frente de ella era sospechoso.

Jamás había visto a Mónica en esa situación.

–Si Rudolf, pero siento que esto sigue entre nosotros, es probable que nuestras vidas estén en riesgo, uno al que no quiero exponerte. Espero que me entiendas –.

La preocupación era evidente, de manera casi que automática se activó la sospecha de Rudolf.

—Siempre hay algo que se pueda hacer en esos casos amor mío, y yo haré lo que sea para que ambos podamos estar juntos, cueste lo que cueste—.

Aumento el ritmo de los latidos del corazón de Mónica al escuchar la disposición de Rudolf, sabría que pedirle que asesinara a su esposo era cuestión de vida o muerte.

—Rudolf mi amor, quiero decirte que estoy casada, pero hace meses que ya no estoy con mi esposo. Sus ataques hicieron que nuestro amor se apagara, pero desde que llegaste, se ha vuelto a encender la llama del amor.

El favor que quiero pedirte, es saber si puedes, o podrías…—

Una llamada en el teléfono de Mónico impidió hacer la petición.

–Hola mi amor, ¿Qué haces? —
El tono de voz que se escuchó en el teléfono de ella, hizo que Rudolf se sintiera engañado totalmente.

—Eh, justo ahora estoy en casa de unas amigas, no puedo responderte, luego te devuelvo la llamada. –

Se detenía el tiempo, y también el corazón de Rudolf al escuchar a Mónica, no entendía como había le había fallado su capacidad de investigar y se estar atento ante cualquier engaño, más ahora vivía en carne propia lo que se sentía.

—No... no entiendo Mónica, ¿Cómo que llevas tiempo casada? ¿Por qué no me lo dijiste desde un principio? Hubiese tratado de entender y entendido la situación. —

—Sí, pero mi esposo es un cretino, solo le gusta estar en el trabajo. Pero tú, tú eres ese alguien especial, por eso tuve miedo de perderte y que no pudieras estar conmigo, por ello te lo oculté este tiempo. —

Un par de lágrimas fueron suficiente para que el semblante de angustia cambiará del rostro de Rudolf, a uno más interesado en ella.

—Pues, a decir verdad, mi mundo tampoco es tan sincero, o al menos como te lo he dicho, y de una forma u otra, todos tenemos secretos. Entiendo esa situación, puedes decirme que eras lo que me ibas a pedir antes de la llamada. —

—No quiero comprometerte Rudolf, al contrario, aceptaré que incluso decidas irte si quieres. –
El dedo sobre los labios, seguidos de un tranquila, todo va a estar bien, hicieron sentir segura a Mónica, que incluso, pensó que está sería la forma en que podría deshacerse de Octavio, su esposo.

—No quisiera saber más de mi esposo Rudolf, solo quiero estar contigo, quisiera que el ya no esté vigilándome, ni mucho menos investigando cada paso que doy. —

—Eso quiere decir que quieres que desaparezca accidentalmente? —

Aún Rudolf no sabía ni remotamente quién era el esposo de Mónica, pero para él, no sería complicado deshacerse de otra persona más, de hecho, ya estaba acostumbrado.

Antes de poder decir algo, el flash de una cámara resplandeció sobre el rostro de ambos.

—Ya ves, de eso te habló, mi esposo hace eso vez tras vez, tomando fotos y tratando de averiguar mi vida. Si solo se preocupara por hacer que nuestro amor esté vivo, nada de esto estuviera sucediendo. —

La incógnita hace mella en el interior de Rudolf.

No sabía conque clase de persona había estado saliendo todo este tiempo, pero lo que sí sabía, era que eso podía poner en riesgo su seguridad y también la de ella.

Otra fotografía se tomó desde fuera del restaurant, esta vez, un motorizado vestido negro miraba a ambos detenidamente mientras se alejaba.

En ese momento, Rudolf sabía que algo podría haber estado pasando, y algo preocupante.

—Seguro podemos terminar esta conversación otro día cariño, debo saber quién es, y que rayos va a hacer con esas fotos ese hombre. —

Rápidamente salió del local, su vehículo preparado para ese tipo de ocasiones era el recurso más útil que tenía en ese momento Rudolf.

Mientras más se acercaba al motorizado, colocaba el peine en su Glock 9mm, deseando saber quién era y quién le había enviado.

En un abrir y cerrar de ojos, un leve golpe con su vehículo, hizo que el hombre perdiera el control de su motocicleta.

De un salto, Rudolf apoyó su rodilla sobre su garganta, mientras le apuntaba con su arma justo en la cien, tratando de dar con respuestas.

—¿Quién te envió, desgraciado? ¿Qué rayos quieres hacer estas fotografías? —

—Rudolf amigo, estás en problemas—. Replicó.

Antes había escuchado esa voz. Era de la Tyner Scott, un excompañero de campaña que había trabajado antes junto a él en investigaciones privadas.

—¡Diantres Scott! ¿Qué rayos intentas hacer? Casi te mato, que demonios tratabas de hacer al tomar esas fotos, para quién estás trabajando—.

—¡Por el amor de Dios Rudolf!, ¿no sabes que esas es la mujer de Octavio Conde? —

Esa era por mucho, la noticia que impacto de inmediato a Rudolf, quién había olvidado abrir el sobre que su jefe le había dado.

Corrió hacia el auto rápidamente para asegurarse de lo dicho por Scott, y al ver la foto, allí estaba ella, con la misma sonrisa con que lo había cautivado, la mujer que en pocas semanas se había convertido en la dueña de sus pensamientos, pero que ahora, podría convertirse en la causante de un turbio conflicto.

Puede leer el la primera parte dando click a el siguiente enlace: https://hiveblocks.com/hive-161155/@ismaelrd04/turbio-amor

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Turbio amor. Parte 2. | Ecency