—¡Mamá, mamá, ven conmigo mami, acércate a mí! —
El río comenzó a crecer rápidamente, apenas Julián podía mantenerse a flote, mientras que su madre nadaba en contra de la corriente para tomar su mano y así ayudarlo.
—Juli… Julián, mi amor… —
Pese a sus esfuerzos, las olas llevaban a Julia de un lado a otro, incapaz de poder decirle algo a su hijo, mucho menos poder hacerse con algo para mantenerse a flote, mientras que Julián solo la miraba en desespero, sin poder ayudarla.
—¡Mami, mami! Aguanta un poco más por favor —
Por suerte, una planta en la orilla del rio hizo que Julián pudiera tomarla y llegar hasta allí, aunque sus pies y sus manos estuvieran rasgadas por las ramas que venían junto al incesante rio que iba llevando todo a su paso.
Tan pronto como pudo, corría a toda prisa el pequeño, aun así, la marea era tan fuerte y rápida, que apenas podía ver a su madre siendo arrastrada rio abajo, mientras que sus manos eran las únicas que se mantenían a flote.
—¡Julián, Julián mi vida! Corre a buscar ayuda mi tesoro, ve a buscarme ayuda para salir de aquí —
Casi sin fuerzas, y con poco aliento, Julia solo miraba al cielo deseando que alguien la viera en su suplicio, pero, solo veía al otro lado del rio a su pobre hijo, su pequeño de 9 años que trataba de auxiliarla a toda costa, pero la miraba mientras lloraba desconsoladamente al ver que su madre entraba y salía del agua.
—¡Ya regreso mami, vuelvo enseguida, solo sujétate fuerte! ¡Te voy a sacar de allí mamita, te lo prometo! —
Las lágrimas eran quienes acompañaban a Julián mientras corría a toda prisa, su pobre corazón latía tan fuertemente que era como un zumbido.
Su deseo por sacar a su madre de la desgracia, era más fuerte que el de ver que todo a su alrededor había quedado devastado por las lluvias, todo lo que conocía, simplemente estaba cubierto por lodo y arboles caídos.
Miraba por todos lados y buscaba a su alrededor, pero inclusos quienes estaban a su lado, también había desaparecido, en un pestañeo, veía personas también nadaban en desespero hacía la orilla, pero algunas de ellas no lo lograban.
En el cielo, los helicópteros sobrevolaban la zona afectada, la esperanza reaparecía de nuevo, mientras que el pequeño veía la posibilidad de que ayudarán a su madre.
—¡Ey, Ey, Auxilio, auxilio, ¡ayúdenme por favor! —
El sonido del agua, apenas hacía posible que su voz se oyera, y sus pequeños brazos, hacían imposible que incluso lo viera.
Corrió a toda prisa de vuelta a donde estaba Julia, corría con la esperanza de que ya estuviera a salvo, de que no estuviera entre las aguas mientras corría, el nudo en garganta y deseo de escuchar a su madre lo hacía gritar desconsolado:
—¡Mamá, mami, responde mami! —
El silencio hacía eco de sus palabras, y eran estas las únicas que les daban respuesta a sus desesperadas preguntas.
Las lluvias seguían haciendo imposible ver a pocos metros de sí mismo, el lodo impedía que Julián dieran al menos unos pocos pasos de donde estaba, haciendo que su esperanza comenzara a perderse entre la angustia.
—¡Julián, mi amor, Julián… ¿Dónde estás!? —
La alegría volvía a dar con ambos, por un lado, el pequeño escuchaba el sonido de su querida madre, que apenas podía escucharse entre el agua.
—¡Mami, acá estoy mami! Lo siento mami, lo siento —
La agonía de ver a su madre sin fuerzas, lo culpaban de no haber podido encontrar la ayuda para sacarla de allí, atribuyéndose entonces, la culpa de poder hacer más.
Las fuerzas de Julia se acababan, sus ojos cargados en pena, solo podían ver a su hijo amado, llorando en agonía, tirado en el suelo, y desconsolado de no poder hacer nada más para ayudarla.
—Tran… Tranquilo mi campeón — Gritaba con sus últimas fuerzas Julia- No ha sido tu culpa nada de esto, sigue siendo valiente como hasta ahora mi amor, ya veras que estaremos de nuevo abrazándonos.
Palabras necias para quién ya sabía que no iba a ser posible que eso sucediera, palabras necias que ya había escuchado en su padre, justo antes de dejarlo a ambos solos antes de morir.
—¡No mami- Gritaba entre lágrimas Julián- Esta vez no será así, no me dejarás solo, y tampoco te dejaré sola—
La tormenta seguía haciéndose más fuerte, los helicópteros se retiraban al ver que podían estrellarse por el torrencial que estaba sobre sí. Y se marchaban por creer, que ya no había nadie con vida en aquel lugar.
Sin pensarlo más, Julián se armaba de coraje y se lanzaba de nuevo al monstruo que atento con su vida, y que también atentaba con su madre.
Con esfuerzo, nadaba con todo el esfuerzo posible, tratando de llegar hasta donde estaba Julia.
Las manos frías de ella, fueron las únicas que lo recibieron, mientras ella exhalaba su último suspiro, y brotaba una sonrisa de volver a tener a su pequeño entre sus brazos.
El agua atrapó a ambos sin compasión, la tormenta fue despiadada con ambos. En el recuerdo de Julia, solo veía junto a su lado a Julián, mientras bailaban el paso doble que ensayaban todas las noches en el caso de poder cruzar la frontera, y encontrar una vida mejor.
Julián abrazaba con sus pequeñas manos a su madre, tratando de que ella no se hundiera y acabara bajo el agua, aún así, sus fuerzas, así como las de ella, eran pocas, así como su deseo de seguir luchando contra lo imposible…
Ismael D. Rodríguez/Contenido Original
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