Dar, poder dar de uno mismo, ofrecer ayuda, debería poder considerarse como un privilegio en lugar de una pena, pues hay quienes dan con dolor, con tristeza, y en ese caso no deberían dar nada.
Quien puede dar puede considerarse privilegiado porque tiene en sí algo que ofrecer. Y damos no solo cosas materiales, hacemos favores, tenemos detalles, damos palabras, gestos, sonrisas, damos de nuestro tiempo que es como dar nuestra propia vida.
Hay quienes no pueden o no saben dar esas acciones y gestos que alimentan el alma de los demás, están muy amargados y no logran dar… o solo dan de lo que tienen, malos gestos, acciones o palabras. Pero se han olvidado de invertir, dando de sí.
Sí uno se pone a ver, dar es como invertir, porque quien está en la actitud de dar, tiene más puertas abiertas, y los caminos se le abren de diversas maneras. Esto es cuando lo que se da, se hace de corazón, con una buena actitud.
¿Pero qué pasa si estoy muy amargado o amargada para poder dar de mí algo bueno? Creo que la amargura no es ajena a los tiempos que nos tocan vivir, habría que buscar sanar esas heridas que la producen, en todo caso creo que siempre habrá un motivo por el cual tratar de dar de nosotros algo bueno, e insistir en eso, porque de alguna manera terminaremos encontrando eso que dentro de nosotros podemos pensar que hemos perdido, la alegría. Ver el rostro alegre de otro ser humano de alguna manera nos contagia, y la manera de encontrar aquello que hemos perdido es dándolo a alguien más que lo necesite, llámese alegría, confianza, valor, aprecio... en las matemáticas de la generosidad el dar nunca se agota, encuentra maneras de multiplicarse siempre.
Si nos ponemos a pensar lo valioso que es todo aquello que podemos dar y verlo como un privilegio, pues algunos no tienen nada que dar, de alguna manera estaríamos contribuyendo a que esa necesidad de los que no tienen nada sea llenada, para que ellos a su vez puedan también tener ese algo que dar en algún momento en sus vidas.
El primer lugar donde uno puede hacer esto en su casa, con sus vecinos, en la comunidad, en las redes donde nos movemos.
Que dar sea siempre un privilegio, pues poder ayudar a alguien es algo que no debe pasar desapercibido. Antes no le daba tanta importancia a esto, pero luego de diversos problemas que he tenido me he dado cuenta que alegría es cuando alguien te puede ayudar, y valorando esa gran alegría que se siente al recibir, es que he podido llegar a comprender lo grande que es poder dar.
En estos tiempos que nos han tocado en nuestra Venezuela es cuando más necesitamos de la generosidad y la solidaridad...
Gracias por leer.
Texto y fotos de mi autoría.
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