Rincones estrechos en el entramado de callejuelas de suelo adoquinado que conforman la villa turolense de Albarracín. Muros cubiertos de yeso rojizo, vigas de madera y trabajos de forja transmiten esa atmósfera medieval que todavía no ha perdido la antigua capital del señorío, y que le confieren su identidad única a este pequeño pueblo con encanto.
Fotografía tomada con una cámara compacta Sony Cybershot DSC P32