Ahora en verano es muy común eso de la "operación bikini", una especie de obligación tácita para todos en la que intentamos compensar la molicie de nueve meses con tres de trabajo duro y dietas que nos matan de hambre. Estas, a menudo recomendadas por "gurús" e iluminados de la nutrición, se antojan como milagrosas, atraen al incauto con ganchos como, "Mantente en tu peso ideal" o "Adelgaza sin pasar hambre", y con frecuencia ensalzan las bondades de un solo alimento determinado, en el que suelen basar su método, como por ejemplo la dieta del atún o la del jarabe de arce. Ciertamente, lo son: son milagrosas, pero casi tanto como el efecto rebote que producen a posteriori, cuando nos cansamos de seguirlas.
No pensamos en el largo plazo y se nos nubla la visión al escuchar a un familiar que asegura haber perdido 4 kilos en dos semanas con x dieta. En ese momento ansiamos probarla y ser partícipes de sus bondades en el corto plazo, sin reparar en los perjuicios que suponen para nuestra futura salud y apariencia en el largo. ¿Merece la pena el esfuerzo?
Cualquier dieta tiene fecha de caducidad, y, por lo tanto, los efectos que produce también. A lo largo de nuestra historia, nuestros antepasados han pasado hambre y no han vivido con tanta abundancia como el primer mundo en la actualidad, en consecuencia, nuestro organismo ha desarrollado estrategias para combatir la escasez como convertirse en una máquina de ahorro de energía cuando percibe menos calorías de las necesarias y ralentizar su metabolismo. haciendo así difícil la pérdida de peso.
Lo más efectivo, como dice Sandra Aamodt, es comer de forma inteligente. Así que, os dejo con ella para que os lo explique en este video:
Why dieting doesn't usually work?