El individuo ha muerto, y ha renacido en calidad de esclavo de sus circunstancias; como el hombre lisiado que depende de su silla de ruedas para moverse. Todo lo que hace y piensa tiene valor en la medida que es entendido y apoyado por su circulo cercano y la sociedad y el tiempo en que vive; todo lo que hace y piensa le acerca cada vez más a la revelación de que, al contrario de lo que se piensa, lo desconocido y diferente no es atractivo, sino repulsivo.