Hay una tendencia muy extendida de pensar que el sexo con que nacemos no influye en la forma en que nos desarrollamos; una creencia tan popular como equivocada. El ADN de una mujer es diferente al de un hombre, lo mismo que su predisposición neurobiológica y sus ciclos hormonales. Por lo tanto, al margen del medio cultural, existen diferencias biológicas de carácter fundamental que influyen directamente en las tendencias conductuales de ambos sexos. Esto no quiere decir, por supuesto, que no haya mujeres que se comporten como hombres u hombres que se comporten como mujeres, pero esto son excepciones. Tener presente esta aclaración es de suma importancia para no abusar del término «machista», que casi ha perdido el significado que denota.