Madrugadas en soledad, ausencia de sueño
pero también de fantasías, se perciben los
latidos del pecho con tan solo hacer silencio.
Inacción que adormece los pasos envuelta
en suspiros y añejos anhelos, quisiera entrever
el sentido tras las lineas confusas que ocultan las caretas.
Ondean los estandartes al amanecer, en una ciudad
ajena a mis ojos y al corazón. Es duro ser un forastero
en una tierra hermosa pero que no te vió nacer,
palpar las angustias de un gentilicio que se vuelve
sal y arena.
Sin consuelo, se han escondido las penas bajo
un traje de risa, lágrimas secas que mancharon
mil pañuelos en presurosas despedidas.
Se agitan las manos de niños en algún puerto lejano,
diciendo hasta pronto a los sueños que se ven tan
distantes, y a la vez tan cerca si se imaginan con fe.
Tiemblan los labios aguantando un nudo
en la garganta y las ganas de llorar; presión en el pecho
y los suspiros desbocados, como jóvenes enamorados
en un idilio platónico lleno de quebranto.
Se empeña el destino en abofetear las ansias,
como un duelo entre el corazón y el deseo. Se queja
la piel por su abandono mientras el amor grita
bañado en melancolía.
Aflorará la esperanza aunque sea en el último minuto.
Llegaran mis amores sea por aire, sea por mar,
como llega la primavera luego de un terrible invierno,
como llegan las ganas de volver a soñar.
Imágenes:
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