En la Patagonia hay cientos de pequeños arroyos que discurren entre los cerros de la precordillera de los Andes formando una red hídrica de consideración que permite tierras más fértiles y con ella la posibilidad de desarrollo de la flora y la fauna.
En muchos de estos pequeños ríos y arroyos entrada la época estival el agua que llevan es tan escasa, tan cristalina y pura que invita a tomarla pero no a pescar. Sin embargo las sorpresas pueden estar a la orden del día y si uno conoce el curso de agua y el comportamiento de los peces puede ocurrir que la jornada sea exitosa o al menos divertida.
En el departamento Cuyamen, muy cerca de la ciudad de Esquel hay una vieja estación del expreso patagónico, hoy en desuso. Su nombre es La Cancha y en las inmediaciones un somero arroyo discurre mansa y tranquilamente, también el ha sido bautizado con mismo y particular nombre, desconozco el motivo.
El arroyo La Cancha es un claro ejemplo de lo que menciono, con un paisaje sereno y bello, con caballos andando a entera libertad por toda la región, son los mudos testigos de nuestra exploración en busca del premio a tanto andar adivinando sendas por donde no las hay, por tanto hacer equilibrio entre piedras y quebradas en busca de un escurridizo pez que nos conceda un momento de felicidad adicional si es que ello fuese posible.
Que más se puede pedir que estar en esos lugares bendecidos de la naturaleza y con mi amigo de toda la vida, crecimos juntos y seguimos juntos luego de tanto tiempo, compartimos desde la infancia esta pasión por la pesca y la naturaleza y ahora que él vive allí nuestras aspiraciones han sido colmadas.
Caminamos y pescamos en una tarde perfecta, finalmente el pez llegó y la alegría fue completa.
Las fotografías son de mi propiedad.
Héctor Gugliermo