No es la princesa, es el contexto.
No es lo lindo, es lo grotesco.
No es lo radiante del amarillo, es la forma en la que no lo opaca todo aquello emergente a su alrededor.
Emerger. Emerger en un mundo que, más que oprimirte, te coloca así, entre extrañezas y combinaciones raras que se prohíben, entre ellas, encajar.
El punto versa en lo siguiente; si yo pregunto qué ven, “una princesa” me responderán.
Princesa sigue siendo ‘princesa’ aunque elementos externos denoten lo contrario.
No saben lo alejado que esto está de ser una publicación feminista.
Restricciones. Cambios. Límites.
Solo quiero hacer notar que, a pesar de todo, el color del vestido no deja de brillar.