La madera como bien he podido reseñar con anterioridad la considero un material que opone cierta resistencia propia de su estructura física, eslabones y redes que unidos entre si en forma de fibras son parte de una resistencia que con tenacidad soportan los arduos golpeteos de los martillos y las punzantes incisiones de cualquier herramienta cortante.
El proceso de su realización se mantiene desde mis inicios:
- Bloquear la estructura general con lineas que delimiten la figura y la cantidad de material a eliminar.
- Remover dicho material y proceder con el mismo principio en las otras caras de la madera utilizar.
- En este caso al ser formas extremadamente sencillas se procedió a redondear el resto de la pieza.
- Si se desea, dar una o dos sesiones de lijado.
- Aplicar dos o tres capas de sellador o barniz al gusto, teniendo en consideración el acabado esperado.
Encontré un particular interés en el contraste de texturas entre ambas piezas:
- Una lisa, fluida y homogénea que al tacto recorría con total naturalidad aportada por una sesión de lijado.
- Otra ligeramente escabrosa, irregular, áspera; cuyos surcos daban abasto a que el tacto se detuviera, frotara y adentrara en ella, en sus imperfecciones.
Tallar, a pesar de parecer un trabajo pesado (dependiendo del tamaño de las piezas) y arduo puede ser tan rápido y fluido como dibujar. Un exacto, bisturí o un formón puede ser tan manejable como un lápiz; los trazos pueden ser tan naturales como el manejo de un pincel, la madera puede ser tan maleable como una arcilla, la madera como si fuera una acuarela toma forma capa por capa.
El tiempo puede volar dándole forma a la vida, dándole forma a la madera. Los minutos vuelan tallando