Mi vida no es más que un lamento autocompasivo de mí. A veces me pregunto, si vivo o realmente me he quedado vacía, mi alma se condena a un abismo sin escapatoria. Lleno de mentiras y tonos brillantes asemejando un sol, con el propósito de sentir que me quema; todo lo que soy, seré y fui, <’porque no todo lo blanco es bueno y no todo lo negro es malo’> o eso pienso.
Durante mi niñez vi el mundo aunado al frío y monocromo de mi ser. La misma muerte quién llora y perece cada vez más rápido y a la vez lento dentro del propio movimiento del universo, a veces más otras menos, pero siempre con un patrón indefinible. Con el paso de los años mi existencia se llenó de rencores, odio y amor, quienes al entremezclarse forman lo que soy.
Un paseo oscuro por mi mente da a conocer algo más de mí de lo que yo misma podré ver, un paso más, un camino que recorrer; piernas rotas sin arreglo, luz sin brillo, oscuridad sin demonios, paso tras paso, mi sendero se cierra; respiración tras respiración, mis vías se reducen. Un camino de sangre que dejo tras de mí, gotea y forma ondas que cuentan una historia, reconocida por muchos, pero olvidada por todos.
Si poseyera alas estarían rotas y manchadas, mi sufrimiento no es único, todos sufrimos aún de diferentes maneras y formas, pero quiero ser egoísta y pensar sólo en mí. Mientras más pienso, más me deprimo, onza tras onza de mi vida se desvanece, me automutilo con la esperanza de sentir, me autodestruyo con la fe en mí existir, terminando ahogada en mi propio pozo de desperdicios. Cómo pez multicolor me paseo de agua en agua buscando el océano, pero me encuentro entrelazando mis colores y llegando a la nada. Aun cuando me pueda encontrar rodeada de calidez, siento frío a mi alrededor. El vacío de mi humanidad me abandona dejando solo un cascaron con deseos coloreados de belleza, deseando morir, vivir y soñar, pero sin realmente hacer algo para lograrlo. Intentando avanzar me topo con mi propia barrera: acaricio con la más fina sutileza y dulzura amarga, cual pomada de exquisito olor, pero con efectos de dolor.
Rememorando cada grito y lágrima, me es imposible sentir lastima o compasión por mí <’soy un monstruo’>. Con paso lento me giro mientras cada recuerdo se va al olvido, un muro pegajoso contiene los recuerdo: llegan ahí sin poder escapar, sin perturbar o lastimar. Al dispersar mis ideas me topo con un precipicio, observo con detenimiento, no tiene fondo solo existe, me agobio ¡QUIERO SALIR! …no puedo…lo ansío…estoy bien… ¡ALGUIEN AYUDE ME! ...soy feliz.