Su mimesis con la nocturnidad es casi sagrada.
La negrura de su pelaje es mágico camuflaje.
La mala suerte para algunos, la mejor de ellas según otros.
La negra parece no atender al mito de los hombres.
Parece vivir en su propio mito, en su misterio infinito.
El halo sagrado de sus antepasados egipcios aún fluye por sus venas.
Los aires de deidad no se evaporan con el tiempo.