La odisea de tener mi propio radio: Mi mejor compra para los apagones

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¡Saludos a toda la comunidad de Hive! Hoy quiero contarles una historia muy personal. Se trata de un objeto que para muchos puede ser cosa del pasado, pero que para mí se convirtió en un sueño de infancia y, hoy en día, en mi mejor compañía.

Desde pequeño siempre quise tener un radio, pero las situaciones de la vida me lo impidieron. Eran días difíciles; mis padres no tenían dinero y no existía dónde poder encontrar uno.

El sueño del vecino
Con los años, comenzaron a entrar a Cuba radios portátiles con batería recargable que me gustaban muchísimo, pero no tenía cómo comprarlos. Recuerdo que un vecino se compró uno, lo más chulo, que cogía todas las emisoras. Además, tenía hora digital, despertador y hasta se podía escuchar música con una memoria USB.

En cambio, yo aún no podía cumplir mi sueño de tener un radio para escuchar las emisoras de mi región en las noches; solo lo escuchaba en casa de algunos amigos que daban buena música, o que sintonizaban Radio Taíno o Radio Rebelde.

En una ocasión recogí varios radios rotos que había en casa y se los llevé a un técnico del barrio (ya sabes, de los que aprendieron cacharreando). Le llevé tres para que me salvara uno, pero nunca me reparó ninguno. El hombre se jubiló, se fue de mi pueblo, y yo quedé con las ganas y sin radio, ni nuevo ni viejo.

El "Verde" y las ondas radiales
Luego, cuando entré al "Verde" (Servicio Militar), fue que pude escuchar la programación de Radio Rebelde en la radio de la unidad, donde la ponían casi todo el día los fines de semana. Ahí escuché "De 5 a 7" por Radio Taíno. Siempre recuerdo que el locutor decía: "¡De cinco aaaaaa sieteeeee!". En las noches escuchábamos "Música Viva" por Radio Rebelde. En fin, ya me gustaba la radio.

El hallazgo en casa de mamá
No fue hasta hace unos años que llegué a casa de mi mamá y vi un radiecito, lo más bueno. Cogía FM, AM, entre otras bandas, con pila recargable, un pequeño generador y un panel solar. Yo, de intruso, lo probé y cogía las emisoras en talla. Le pregunté dónde lo había comprado y me dijo. ¡Enseguida corrí a comprar uno!

Al fin tenía mi radio, ¡qué alegría! En las noches escuchaba Radio Bayamo junto a mi hijo y participábamos en algún que otro programa donde hubiera preguntas. Muchas veces ganamos y mi niño escuchó su canción preferida.

Un campeón en los apagones
Cuando el ciclón Melissa azotó, mi radio fue el encargado de tenernos al día con toda la información. Estuvo tres días informándonos sin parar. Todo un campeón me salió este radio. Estuvimos varios días sin corriente y, dándole manivela a su generador, cargué alguna que otra batería para poder alumbrarnos. En fin, es mi mejor compra.

En la actualidad, gracias al ingenio del cubano, se le terminó la batería que trajo de fábrica y pensé que su vida acabaría. Pero le adapté una batería de teléfono y, ¡pum!, ahí está como nuevo (como pueden ver en la foto, ¡hasta con su liga roja para que no se abra!).

La conexión con el mundo
En estos días, en los que la corriente no permite hacer casi nada porque casi no hay, mi radio nos sirve de entretenimiento. Ya no con emisoras locales, pues la falta de fluido eléctrico en los transmisores no deja deleitarnos con nuestra programación nacional. Pero no me amilano: mi radio es capaz de captar emisoras como Radio Martí, Radio Colombia, Radio Mambí, alguna que otra de Florida, Radio Católica Mundial... unas cuantas emisoras a mi disposición.

De hecho, le pregunté a la IA DeepSeek sobre mi radio y me dijo que, si cogía todas estas emisoras, era una joyita.

¿Y ustedes? ¿Tienen algún objeto que les haya costado mucho conseguir y que hoy sea indispensable en sus casas? ¿Qué sintonizan cuando se va la corriente? ¡Los leo en los comentarios!

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